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>UN BLOG CON TUS ARTÍCULOS DE OPINIÓN, O LOS RECOPILADOS DE LA PRENSA NACIONAL, QUE NOS APORTAN SU GRANITO DE ARENA

domingo, 29 de junio de 2014

La Teoría del Caos y el Ratón con Coleta


Poco dura la alegría en casa del pobre rey de España. Apenas unos días para saborear las mieles del reinado recién estrenado, y sobre la testa coronada de Felipe VI han empezado a llover desgracias en serie, en una de esas extrañas semanas en las que, a falta de noticia bomba, se han sucedido casi a diario asuntos relevantes capaces de ir desgranando las cuentas del rosario de un país salido de madre. La imputación de la infanta Cristina, la huida de Rubalcaba camino de la Universidad, incluso el episodio chusco de esa sicav que ha provocado la dimisión de Willy Meyer (IU), y desde luego el fiasco que ha supuesto la presentación en sociedad de la reforma fiscal del PP, un petardazo de gran trascendencia futura, porque el PP tenía una bala en la recámara para intentar ganar en noviembre de 2015 y la ha malgastado. Un cierto olor a descomposición lo inunda todo. A fin de ciclo. A sálvese quien pueda. A crisis sistémica.

Dice el famoso “efecto mariposa”, la parte anecdótica de la “teoría del caos”, que el aleteo de una mariposa que vuela en China puede ser capaz de producir un mes después un huracán en Texas, postulado que el sabio Einstein formuló más poéticamente diciendo que hasta la más pequeña gota de rocío caída del pétalo de una rosa repercute en la estrella más lejana, ejemplo de la interdependencia de pequeñas causas generadoras de grandes efectos, y hay quien en España empieza a adelantar una “teoría de la catástrofe” según la cual la aparición en la política española de un ratón con melena amenaza con derrumbar los rascacielos del Paseo de la Castellana de Madrid, que tal es la fuerza del fenómeno Podemos al mando del carismático Pablo Iglesias. Dicen las fuentes que el corrimiento electoral plasmado el 25-M sigue su curso, y que el pánico se ha hecho carne en las filas del Partido Popular, por no hablar de un PSOE en caída libre. Reveladoras las palabras de Felipe González, según las cuales del próximo Congreso socialista puede salir un liderazgo débil que deje al partido con 40 diputados pelados. La sombra del PASOK griego es alargada.

Todos los partidos de la Transición, en crisis aguda. ¿Ratón o elefante? Los daños causados en el establishment político por el terremoto del 25-M se están revelando devastadores. Incluso en IU, donde se vive un soterrado ajuste de cuentas cuyo final está por ver. Por no hablar de la misteriosa desaparición de la escena política de UPyD y de su lideresa, Rosa Díez. What ever happened to baby Jane? 
La fuerza de Podemos, lo nuevo contra lo viejo, como símbolo de la descomposición del régimen de la Transición y del surgimiento de algo que no sabemos muy bien qué es y hacia dónde va. El ejemplo más claro de la delicuescencia del sistema es el gatillazo protagonizado por el PP con su famosa reforma fiscal, el arma disuasoria de la que la derecha conservadora en el Poder creía disponer para volver a ganar en noviembre de 2015, si no antes. 

Hay muchas cosas que no se entiende de una reforma fiscal en la que el PP había puesto todas sus esperanzas, y que se ha desinflado nada más salir a escena, entre otras cosas, porque, como siempre tratándose de este Gobierno, se plantea mal, se enseña con trampa, se anuncia un viernes pero se esconde la letra pequeña para que de esta forma los medios se vean obligados a “vender” los mensajes que pretende el Ejecutivo. No se entiende que alguien encargue un informe a una comisión de expertos para que marquen las líneas maestras de esa gran reforma que desde tiempo inmemorial reclama el país, y que cuando se lo entregan lo meta en un cajón y se olvide del mismo. No se entiende que el propio Montoro diga en privado que “esto es una rebaja de impuestos, porque la verdadera reforma fiscal la dejamos para 2016”. ¡Cuán largo me lo fiais! ¡Qué insensata confianza en poder formar Gobierno tras las generales de 2015! Sobre todo no se entiende el batiburrillo de tramos y tipos y el tufo a cálculo electoralista cuando, al final, la rebaja anual para un trabajador por cuenta ajena y sin hijos oscilará entre los 230 y los 330 euros para una nómina inferior a los 50.000 euros, como es el caso de la mayoría de las españolas. Mucho ruido y pocas nueces. Ese votante al que el PP pretendía camelar con el invento puede verse tentado a dedicarle una sonora peineta, mientras le espeta que el precio de mercado de su voto está por encima de los 23 euros mensuales de media que la gaviota pretendía meterle en el bolsillo como golosina.

Riesgo de poner en peligro los ajustes realizados

Esfuerzos vanos echados por la borda. Primero hubo que convencer a Bruselas de que era necesario bajar impuestos en un país que, a pesar de todos los ajustes, sigue teniendo un déficit público del 6,6% del PIB, porque, tras el auge de los partidos radicales en toda Europa, había que poner coto a Podemos en España. Intento fallido y fiasco que podría ser mayúsculo: puede que el Gobierno Rajoy no solo no logre seducir a quienes necesita convencer, sino que además ponga en serio riesgo el cumplimiento de los objetivos de déficit, porque las cuentas no cuadran. 
España se ha comprometido a llevar el déficit al 2,8% a finales de 2016, lo que supone un esfuerzo de casi 40.000 millones que hay que acometer en apenas dos años, entre 2015 y 2016. En esta situación, ahora se propone una rebaja fiscal de 9.000 millones de euros, con una recaudación que, aunque está creciendo, ni de lejos lo hace al ritmo del 6,7% que sugiere Hacienda, sino a un mucho más modesto 3% anual. De modo que el precio a pagar por el intento del PP de recuperar su electorado podría ser terriblemente gravoso. En efecto, son muchos los que temen que el Gobierno que salga de las próximas generales se vea obligado a meter la tijera de otro ajuste similar al conocido en 2012. ¿Todo lo ganado, perdido?

España empieza a mirarse en el espejo de una zozobra que recuerda mucho los coletazos de la era Zapatero, cuando medidas desesperadas como la de los 400 euros no solo no lograban solventar el problema, sino que lo agravaban. El corolario es que, culminada la reformita en 2016, el IRPF español en todos sus tramos estará por encima del existente en Francia, Alemania e incluso Gran Bretaña, mientras que la fiscalidad del impuesto sobre plusvalías quedará 6 puntos por encima de la media OCDE. En cuanto al impuesto de sociedades, el español quedará en el 25%, frente a un tipo medio del 22,67% en la OCDE, diferencia que será muy superior teniendo en cuenta que el tipo efectivo en Sociedades venía oscilando entre un 12% y un 13%. Un pan como unas hostias. Si a ello se le añade la subida de indirectos, habrá que concluir que los españoles soportarán con Rajoy una mayor presión fiscal que la que tenían con Aznar y Zapatero.

El PP ha quemado la pólvora en salvas. Falto de coherencia y roto el mandato electoral que recibió en noviembre de 2011 para reducir sustancialmente el tamaño del Estado, ha optado por consolidar un modelo de fiscalidad socialdemócrata. A caballo de un inmovilismo atroz, no ha despejado ninguna de las grandes incógnitas que se ciernen sobre la economía española, mientras en lo político se ha convertido en un partido conservador que, con episodios como el del aborto, recuerda a la vieja derecha española de sacristía de siglos pasados. El silencio más espeso sigue rodeando escándalos como Gürtel y Bárcenas –un año en la cárcel lleva el caballero- y la utilización torticera que está haciendo de la Fiscalía y la Agencia Tributaria en defensa de los intereses de la hija y hermana de Rey roza lo esperpéntico. El fiscal Horrach ha llegado a pedir por carta al Gobierno –lo contaba Javier Ruiz el jueves- que meta en cintura a los jueces tipo Castro, el terso verso suelto que resta a una pobre Justicia domesticada. ¿A quién puede extrañar que, ante tamaño despliegue de estulticia, las huestes de Podemos sigan ganando adeptos?

Gobierno sin alma y sin proyecto

Sensación de Gobierno sin alma y sin proyecto. El fiasco de la reforma fiscal no hace sino añadir nuevos nubarrones sobre la suerte del PP de cara a las generales de 2015. Si al guiso le añadimos el condimento de un PSOE en ruinas, obligado a encarar una reconstrucción precipitada sobre liderazgos muy débiles, se llega a la conclusión de que las opciones de una reforma sensata del régimen salido de la Transición se reducen considerablemente o, en otras palabras, las posibilidades de una salida pactada de la crisis política española son cada día más escasas. Los mensajes que llegan el Gobierno son todos descorazonadores. El golpe de moral que supuso la subida al trono de Felipe VI se ha diluido en unos días. La preocupación empresarial sobre lo que pueda ocurrir en Cataluña el próximo otoño no deja de crecer, por el riesgo de que el envite termine afectando a la recuperación. ¿Tiene algún plan específico este Gobierno para hacer frente al desafío secesionista?

Todo en almoneda, con un aire de provisionalidad que impresiona. El único que aquí parece haberse dado cuenta de que la barcaza amenaza hundimiento ha sido el abdicado Juan Carlos, que, montera en mano, ha saltado al ruedo para despedirse con un “yo me largo, y ahí os las den todas”. Hasta Rubalcaba ha puesto pie a tierra, dispuesto a hacerse invisible. La responsabilidad de este Gobierno, obligado con mayoría absoluta a embridar la situación, en el horizonte que se le abre al país a partir de 2015 es muy grande. El empeño a ultranza por mantener el statu quo político inalterado, sobre la base de una recuperación económica capaz de amortiguar todas las tensiones sociales, amenaza con llevar a España al borde del precipicio. 

JESUS CACHO
Publicado en "Voz Pópuli" - 29/6/14

martes, 24 de junio de 2014

Las Trampas de Rajoy

Empieza a ser tradición: toda noticia propagandística del Gobierno de Rajoy acaba escondiendo mucha letra pequeña que conviene conocer, y que solo aparece un par de días después, cuando el Ejecutivo ya ha colocado el titular. La rebaja de impuestos no es una excepción. Éstas son las trampas que Cristóbal Montoro no nos contó.

1. Los impuestos no bajan para todos. Para algunos subirán, por la vía de eliminar deducciones que –casualmente– son las más progresivas de las muchas que hay. Apenas se tocan las que favorecen a los más ricos: especialmente la deducción por planes de pensiones privados –que solo se reduce de 10.000 a 8.000 euros–, ni tampoco las de compra de vivienda. Pero sí se recortan dos: a los despedidos y a los jóvenes que viven de alquiler. Los primeros tendrán que pagar impuestos por la indemnización por despido, mientras que los segundos solo podrán deducirse de sus impuestos la mitad de lo que hasta ahora se descontaban.

2.  Con el cambio de tramos, hay muchos trabajadores españoles para los que la rebaja en el IRPF apenas se notará. Quienes hoy ganan entre 20.200 y 33.007 euros hasta ahora cotizaban a un tramo máximo del 30% en el IRPF. El año que viene, con los nuevos tramos, será el 31% y el siguiente el 32%. ¿Significa esto que pagarán más? No exactamente, porque la rebaja en los tramos más bajos también les beneficia en su tipo efectivo, por lo que en el cómputo final puede que acaben pagando menos. Pero la reforma es tan deliberadamente compleja que es difícil de asegurar y es precisamente en este tramo –en el que casualmente se encuentra el salario medio español– donde la rebaja fiscal menos generosa será.

3. En porcentaje, la reforma de Rajoy beneficia especialmente a las rentas más bajas y a las rentas más altas. Pero en números absolutos, la diferencia entre ambas no tiene color. Según los interesantes cálculos de "Cinco Días", un trabajador con un salario bruto de 15.600 euros, se ahorrará 394 euros en la declaración de la renta de 2016. Para alguien que gane 90.000 euros, la rebaja será de 2.446 euros. Y para una nómina de 300.000 euros anuales, el regalo de Montoro será de 11.649 euros anuales.

4. ¿Cuánto cambiará la recaudación con la nueva reforma fiscal? ¿Cómo quedarán los impuestos si a esta rebaja fiscal descontamos los impuestos que antes Rajoy subió? Por ahora, no hay respuesta oficial con los detalles exactos. Los cálculos, con seguridad,  ya están hechos en el Ministerio de Hacienda, pero no se harán públicos hasta que se publique la memoria económica de la ley. ¿Cuándo se producirá tal milagro? A saber.

5. Para los autónomos, la tomadura de pelo es sideral. Cuando Rajoy llegó al Gobierno (prometiendo rebajas fiscales, recuérdenlo bien), su retención subió del 15% al 21%. Entonces aseguraron que en realidad solo sería así hasta el 31 de diciembre de 2013, y que para entonces bajaría al 19%. Fue otra promesa falsa –ya estamos en 2013 y el 21% sigue en vigor–, y ahora venden como gran novedad que para enero de 2015, un año más tarde, la retención será del 19%: cuatro puntos más que cuando Rajoy llegó. Bernardo vergara, ene ste chiste, lo explica fenomenal.


6. El impuesto de sociedades para las grandes empresas pasará del 30% al 25% en 2016. En teoría, esto no significa que sus impuestos bajen porque muy pocas pagaban esta cantidad, gracias a la enorme maraña de deducciones que aplican, y que en algunos casos se reducen. Pero en la práctica, está por ver que el tipo efectivo realmente aumenta –como asegura el Gobierno–, porque el nuevo sistema fiscal sigue siendo tan complejo o más que el anterior y las deducciones no se recortan tanto como muchos esperaban.

7. Entre las rarezas del impuesto de sociedades hay una que Montoro ha querido vender como si fuese Robin Hood. La banca seguirá pagando un 30% "para que devuelva a la sociedad ese esfuerzo que ha hecho", según ha explicado su número dos en Hacienda, Miguel Ferré. ¿La realidad? Es justo al revés. La decisión de mantener el 30% en vez del nuevo 25% es un nuevo favor del Gobierno al sector financiero, otro más. Si el impuesto de sociedades bajase para la banca, también bajarían sus créditos fiscales: las bonificaciones que ahora se pueden deducir. Gracias a Robin Hood Montoro, la banca se ahorrará 2.500 millones de euros que el Estado no recaudará.

8. La rebaja no saldrá gratis. Según los cálculos del Gobierno, su rebaja fiscal supondrá 9.000 millones menos de recaudación que –en su teoría– se recuperarán gracias a una mayor actividad económica. Este milagro, tan mentado por los liberales, está por demostrar, y ni siquiera la Unión Europea se lo acaba de creer. España ha prometido recortar en 30.000 millones el gasto público, por lo que la rebaja eleva esta cifra a 39.000 millones: casi cuatro puntos del PIB. Y esos recortes ya se sabe dónde acabarán: en unos servicios públicos de peor calidad.

9. Como dice Ignacio Zubiri –catedrático de Hacienda de la Universidad del País Vasco y uno de los mayores expertos españoles en fiscalidad–, es "una reforma fiscal ineficiente e injusta, que ni mejora la eficiencia ni la equidad ni estimula el crecimiento, ni favorece la coerción del déficit". Beneficia a las rentas medias altas y altas, en detrimento de las clases medias bajas y bajas, que se ahorrarán unos pocos euros pero perderán mucho más con los recortes del Estado del bienestar. Con Rajoy ganan los de siempre, una vez más.

IGNACIO ESCOLAR
Publicado en "El Diario" - 24/6/14

lunes, 23 de junio de 2014

El Blindaje Borbónico

En cuestión de retorcer las leyes, hay que reconocer al Gobierno una habilidad especial para que canten flamenco y hasta para ganar, si se ponen, el Festival Internacional de las Minas. No hay obstáculo que no pueda ser salvado por estos ingenieros jurídicos, a los que le das el reglamento para la protección de pollos de corral y, al descuido, te cambien de paso el Código Penal para que los antisistema puedan ser castrados en presencia de un veterinario.

Algo parecido han logrado con el aforamiento del exjefe del Estado, que al parecer urgía porque Su Enormidad ya no es inviolable y puede desmelenarse ahora que ya está jubilado. En las prisas han influido también unas demandas de paternidad que estaban saltando de juzgado en juzgado de cuando el desmelene, presuntamente, le pilló en activo, y no se quiere que se forme lodo con aquellos polvos. Toda precaución es poca.

Para el blindaje de Juan Carlos, el Gobierno ha tenido que recurrir a lo que tenía a mano, al estilo de esos grandes cocineros que abren la despensa, ven una solitaria lata de mejillones, y se montan un carpaccio de frutos del mar. Así, han pillado una ley orgánica en trámite sobre los permisos laborales de jueces y fiscales para incluir el famoso artículo bis, que traducido al lenguaje de la calle equivale a un además de todo lo anterior, lo que a mí me dé la gana.

Tan discutible es el aforamiento de un exjefe del Estado que no se conoce país civilizado en el que se haya regulado algo semejante. Pero más discutible aún es que dicho aforamiento ante el Tribunal Supremo no sólo sea por causas penales sino también civiles, de manera que no sólo abarca las responsabilidades derivadas del ejercicio de un cargo ignoto, como es el de Rey abdicado, sino también de las de su vida privada.

La reforma tiene la virtud de pasarse por el arco del triunfo la propia arquitectura legal del Estado, lo que da idea del tamaño del arco. De entrada, se vulnera el derecho al juez natural predeterminado por la ley, que hasta ahora era uno de esos principios fundamentales, y ya de paso se fulmina otro, que es de la irretroactividad de las leyes, ya que toda causa que se inicie desde este momento hasta la entrada en vigor de la ley que se modifica pasaría al Supremo por el artículo 33, que en este caso es un enmienda a una disposición adicional. Ya han sido varios quiénes se han preguntado con razón qué habrá hecho este hombre para necesitar tantas salvaguardas.

Lo que es innegable es que la ley es igual para todos. Si cualquiera consiguiera ser rey y abdicar después estaría tan protegido como el ciudadano Juan Carlos. En eso la ‘enmienda Borbón’ no hace distingos. Somos un democracia seria y avanzada.

JUAN CARLOS ESCUDIER
Publicado en "El Confidencial" - 23/6/14
Montajes de "El Jueves".

viernes, 20 de junio de 2014

¿Cuento o Novela?

Menos mal que el Rey a última hora decidió destapar el Rolls Royce, porque con la capota puesta tenía algo de furgón funerario. Habría parecido que iban a su entierro. En eso el Papa ha marcado tendencia, hay que reconocérselo. Yo habría hecho lo mismo, con independencia de lo que me aconsejaran los servicios de seguridad. Carece de mérito porque yo tengo menos que perder que el Papa y que Felipe VI: en el metro me coloco siempre al borde del andén con la esperanza de que algún loco me empuje al paso del convoy. Y ustedes perdonen por esta cuña de intimidad en la crónica de un acontecimiento histórico. ¿De verdad histórico?...

¿Qué prefijos caben delante de la palabra más usada estos días? ¿Pre, post, a, contra, trans, extra? ¿Prehistórico, poshistórico, ahistórico, contrahistórico, transhistórico, extrahistórico? Quizá fue más ahistórico que otra cosa. La a es un prefijo negativo (amoral, acéfalo, afásico, anormal…).

Dejémoslo, pues, en ahistórico porque la parafernalia utilizada guardaba más relación con el registro literario que con el rigor científico que atribuimos a los historiadores. Un cuento. 
Asistíamos al comienzo de un cuento y este cuento, desde el punto de vista del lector ingenuo, comenzaba con el paseo en Rolls a pecho descubierto. Todo lo anterior había sido prólogo y los prólogos son un coñazo. Por eso no hay antologías de prólogos al modo en que las hay de poesía o de relato breve. Significa también que los prólogos se escriben por compromiso. Se los arrancan a uno y uno los escribe porque no sabe decir que no o porque debe un favor al peticionario.

Hasta el discurso del nuevo Rey parecía redactado por un prologuista sin ganas. La mayoría de los expertos de la tele insistían en que había sido estupendo porque le había dedicado el trofeo (la Corona), como en los Oscar, a la familia, porque había hablado en él de la unidad de España y esas cosas, o porque había citado a Cervantes. Era un discurso estupendo, en fin, porque había sido previsible hasta el tuétano tanto en el fondo como en la forma, en el caso de que en el fondo se agite otra cosa que no sea la forma. Lo rompedor habría sido que se refiriera a la corrupción, pero no se habla de la cuerda en casa del ahorcado.

El cuento entonces comenzaba con el recorrido a pecho descubierto (a cráneo descubierto en la medida en la que el Rolls tenía también algo de calavera). Pues sí, de acuerdo, la fábula arrancó bien, pero enseguida se tornó aburrida. A veces, uno desenganchaba de lo que ocurría en la tele y se preguntaba, por ejemplo, cómo interpretarían las ratas de las alcantarillas el sonido del automóvil y el repiqueteo de los cascos de los caballos. Si España fuera un taller literario y yo su director, habría encargado a los alumnos que contaran todo desde el punto de vista de las ratas (no se apuren, servidor estaba ahí para representarlas).

Como ven, no es fácil hacer la crónica de un suceso tan largo en el que no sucede nada. ¿Cómo contar, por ejemplo, el besamanos, tan tedioso? ¿Cuántas veces dio la mano el Rey? ¿Tres mil, cuatro mil? ¿Le quedarían entre los dedos restos de cocaína, residuos de dólares ingresados en cuentas suizas, escamas de quienes habían estrechado previamente la mano de Bárcenas o de El Bigotes? Lo bueno habría sido que entre los dos mil invitados hubieran introducido, disfrazados de gente bien, a un mendigo, a una pobre, a un indigente, a un parado, a una inmigrante ecuatoriana, a una investigadora sin beca, a un niño sin comedor. Para que se le quedara también entre los dedos algo de toda esa peña expulsada fuera de la historia. Pero entonces estaríamos hablando ya de una novela.

JUAN JOSÉ MILLÁS
Publicado en "El País" - 20/6/14

jueves, 19 de junio de 2014

Por un Beso de la Flaca

"Por un beso de la flaca/daría lo que fuera/por un beso de ella/aunque sólo uno fuera”, cantaba Jarabe de Palo años ha, y la flaca Letizia debió quedarse de palo viendo al rey saliente, hierático rey, envarado monarca cesante, rey a punto de ebullición/emoción, disminuido físicamente, casi en las últimas, viendo digo al rey recién abdicado cómo cuidadosamente la ignoraba, olímpicamente pasaba de ella, como si nada es, nada fuera, como si no estuviera, ella que tal vez estaba reclamando ese beso furtivo que casi al bies consiguió arrancarle la cesante reina Sofía, terrible cara envejecida la de esta mujer, reina sufriente, ojeras de kilómetros para una reina triste que durante años trasteó solitaria por Zarzuela, ama sin casa, sin cariño, sin siquiera un buenos días, esposa y madre doliente que jamás pensó ver este día, porque ella siempre creyó que los reyes sólo pueden caer depuestos por golpe militar o por el definitivo y traidor golpe de la parca: muertos.

Eran pasadas las 6 de la tarde y en la solemnidad del salón de columnas del Palacio Real se oficiaba el final de 39 años de reinado, años de vida colectiva, luces y sombras, en una ceremonia artificialmente alargada, mal planteada como todo el histórico espectáculo de la abdicación de Juan Carlos I que estamos viendo, todo improvisación, todo a matacaballo, de tapadillo todo, todo aderezado con toneladas de precipitado baboseo, ese melifluo baboseo que despiden los cortesanos de la pluma y el micrófono, pero todo teatral al tiempo, el teatro de lo pendiente de un hilo, “y él me da una pena enorme, porque tiene por delante un pastel que no veas”, se lamenta alguien que le quiere, “Felipe es muy buena persona, pero sin personalidad; a él siempre le manejaron primero las novias, que le putearon, y luego los amigos, que lo mismo, y terminará haciendo lo que ésta diga, pero ¿la has visto? Ella es un puro teatro, tan poco natural, tan mal vestida, porque hoy se imponía un traje de chaqueta, señora, ¿no hay nadie ahí capaz de aconsejarle? ¿Y te has dado cuenta de que se ha pasado la ceremonia haciendo señas a las niñas sobre cómo debían comportarse…?”.

"Por un beso de la flaca/daría lo que fuera". Se levantó el rey pesado, dubitativo, quebradizo, y con paso incierto se acercó a la famosa mesa de las esfinges donde rubricó, preciosa la pluma, la ley de su abdicación, el final de un cuento con la sociedad española que pudo ser de hadas y terminó en desengaño/desencanto colectivo tras décadas de silencio y desafueros, y ahora, ¿qué…? Ahora dicen que quiere viajar, divertirse, pero quiere también mantener una especie de tutoría moral sobre su sucesor, Felipe VI, y por eso no abandona el palacio de La Zarzuela, pretende que negocie con él los asuntos importantes, dos reyes separados por escasos 200 metros, difícil y peligrosa bicefalia, cohabitación imposible que puede terminar saltando por los aires y haciendo la vida imposible al joven monarca, por mucho que, como opinan otros, vaya a pasar poco tiempo en Madrid, deseoso de escapar de esa tremenda, amarga, clamorosa soledad que los fines de semana le invadía en la casona del monte del Pardo, abandonado por casi todos tras el episodio de Botswana.

Quiere viajar y dice el rumor, Madrid capital mundial del rumor, que en pleno ferragosto podría haber un discreto comunicado anunciando la separación, ruptura de iure de un matrimonio que de facto hace muchos años, casi una glaciación, dejó de funcionar, y hay quien dice que tal vez tenga en Mónaco una especie de segunda residencia, aunque lo de Corinna no está claro, no está clara la relación entre ambos una vez las partes consigan ponerse de acuerdo sobre las cuentas, que lo que ahora está en cuestión no son cuentos, sino cuentas, y tal vez por eso, por esa soledad de fondo de quien todo lo tuvo y ahora a casi nadie tiene, el rey abdicado lucía ayer ese aire de irrefrenable tristeza, la del hombre que al final de su carrera ve la nave por la que luchó navegando a la deriva, todo o casi le ha salido mal, dicen algunos íntimos que se ha ido porque “se le han hinchado los huevos”, porque el matrimonio del hijo le costó el disgusto de su vida, porque su ojito derecho, que no era otro que Cristina, le ha metido en un embolado judicial de cojones, y porque cree que esto está acabado, que tras el 25-M esto se cae, no hay nada que hacer, y llega un momento en que tira la toalla y mirando entre anonadado y displicente al tendido suelta aquello de “allá os las apañéis, que yo me largo”.

Muy lejos no podrá ir, porque el rey doliente está físicamente mal, no sabemos lo que dirá aquel locuaz doctor Cabanela que dijo le iba a poner como una moto, le iba a dejar niquelado hasta el techo, pero lo cierto es que la recuperación no avanza sino al revés, la cara hinchada, las manos hinchadas cuando manejaba la pluma del adiós, y ese paso dubitativo, incierto, quebradizo, los huesos podridos como todos los Borbones que en el mundo han sido, todos acaban igual, terrible metáfora de la situación española actual, temible el pastel que el Príncipe recibe por herencia, tremenda la humillación de la joven reina plebeya, por un beso de la flaca daría yo la vida, que ni una simple mirada recibió del Rey saliente, una más a la larga lista de ofensas que empezó en aquellos meses que la periodista Letizia (“Former CNN reporter to become Queen of Spain”, titulaba ayer la cadena) pasó semiescondida en las habitaciones del Príncipe en Zarzuela, sin bajar a comer con los reyes, sin ver a los reyes, mientras los ayudantes de cámara la educaban, le enseñaban a comportarse como futura Reina consorte, oculta en la trastienda de palacio hasta que el compromiso se hizo firme. “No sé si ella podrá aguantar como Reina, porque ese sí que es un oficio difícil”, sostiene la misma fuente, “aunque en realidad aguantar en la España de hoy será el gran problema de Felipe VI”. Solo un rey revolucionario, dispuesto a regenerar un sistema muerto, podría asegurar el futuro del trono. 

Terrible contradicción: Monarquía y Revolución.

JESUS CACHO
Publicado en "Voz Pópuli" - 19/6/14

miércoles, 18 de junio de 2014

Prueba de Patriotismo

Dicen Ana Botella y Esperanza Aguirre que este jueves, día de la coronación, los madrileños tenemos que dar "prueba de patriotismo" mostrando “pleno respaldo" a los nuevos reyes, aclamando a Felipe VI, colgando banderas rojigualdas en ventanas y balcones, creando una marea patriótica. Quieren una escenificación. 

Este jueves, o dices “viva el rey”, o nada. La delegación del Gobierno ha prohibido dos manifestaciones republicanas, pero también una protesta contra los recortes en educación y una concentración contra la impunidad de los crímenes del franquismo, a pesar de que la misma estaba prevista para las ocho de la tarde en Sol, cuando los actos de proclamación ya habrán terminado.

Felipe VI comenzará su reinado en un contexto de doble imposición: la de su coronación, sobre la que los ciudadanos no hemos podido pronunciarnos en referéndum, y la de la censura, con la denegación de permiso de diversas protestas públicas cuyo fin no es celebrar que el nuevo rey ha llegado, aleluya. 

La propaganda al servicio de la monarquía es tal que se presenta como democrática la coronación de alguien que no ha dicho ni mu sobre los recortes, los desahucios, la sanidad y educación públicas, las pensiones y la jubilación, el crecimiento de la desigualdad, el papel del Banco Central Europeo o el FMI, por citar algunas de las cuestiones que más nos afectan. Es hijo del rey, es Borbón y ha estudiado mucho. ¿Qué más queremos los súbditos? 

Llaman ser patriota a aplaudir al rey pase lo que pase, como en el cuento del rey desnudo. Pero el patriotismo es otra cosa. Ser patriota no es tener cuentas en paraísos fiscales y sí lo es contribuir con el Estado pagando los impuestos que corresponden. Ser patriota no es defender los desahucios o los recortes de servicios públicos fundamentales para las personas que viven en tu país. No es rescatar entidades financieras con el dinero de todos, sino hacer políticas que rescaten a la gente. Los que se han apropiado del término patriota quitan al Estado empresas rentables para dárselas a entidades privadas y socializan empresas privadas cuando éstas tienen pérdidas, para rescatarlas con el dinero de todos. 

Quienes se sienten dueños del patriotismo y nos dicen que ser patriotas es aplaudir al rey son los mismos que han defendido la venta de viviendas de protección oficial a foindos buitre -extranjeros-, que en pocos meses han duplicado el precio de venta. Son los que niegan la justicia universal a los españoles, e incluso quienes están dispuestos a dar la espalda a un ciudadano español para defender los intereses del ejército extranjero que le ha asesinado. 

El patriotismo del Ayuntamiento del PP de Madrid va a destinar 21 millones de euros para convertir un parking público de Canalejas en un complejo de lujo pero se niega a garantizar a los ciudadanos una vivienda digna y otros derechos fundamentales. El patriotismo del Ayuntamiento de Madrid recorta la ayuda para necesidades sociales de emergencia pero decide renovar el mobiliario urbano en las calles por las que pasará la comitiva tras la proclamación de Felipe VI. El resto de Madrid no es digno de renovación. 

El patriotismo de la alcaldesa Ana Botella es el que la lleva a un spa de lujo en Portugal horas después de la muerte de cinco jóvenes en la instalación municipal Madrid Arena, que no tenía licencia ni cumplía la normativa de seguridad. 
Es ese patriotismo con el que afirma que la reforma laboral del PP, la que nos ha impuesto más recortes, es “la ideología que más progreso ha traído a la humanidad”. Cada revisión de la lista de espera quirúrgica en Madrid bate un nuevo récord: La región gobernada por Ignacio González acumula 75.000 personas aguardando una intervención tras el recorte en presupuesto y plantilla. Pero ser patriota es salir a la calle a saludar y aplaudir al hijo de un rey que llega a jefe de Estado para asumir un cargo hereditario, vitalicio e inviolable. 

Nos lo dice una alcaldesa no electa como tal, en una región con un presidente de comunidad no electo como tal, sobre un jefe de Estado no elegido. 

La monarquía ha protagonizado casos de corrupción, ha trabajado por el mantenimiento del statu quo, ha servido a los intereses de una elite, ha sido parte de este engranaje en el que se ha institucionalizado la estafa. Teniendo en cuenta que Felipe VI es sucesor de ello, un mínimo gesto de patriotismo nos exige recordar a quien hereda el trono sin haber dicho nada que los aplausos hay que ganárselos. 

Reivindiquemos otro tipo de patriotismo. El que defiende derechos para todos y no solo para unos pocos. El que trabaja por una vida digna y por una mayor igualdad. El que lucha por que no haya privilegios para una elite a costa de una mayoría. El que hace de la solidaridad su bandera.

OLGA RODRIGUEZ
Publicado en "El Diario" - 17/6/14