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>UN BLOG CON TUS ARTÍCULOS DE OPINIÓN, O LOS RECOPILADOS DE LA PRENSA NACIONAL, QUE NOS APORTAN SU GRANITO DE ARENA

miércoles, 7 de mayo de 2014

La Conjura de los Cenizos

Hace justo un año, la Vicepresidenta Maravilla, el Increíble Montoro y Luis de Guindos, el Señor de los Rescates, hacían la comparecencia de su "puta vida" tras el Consejo de Ministros. Sus rostros compungidos y palabras catastróficas avisaban: España se enfrentaba a un Armagedón económico. Por eso al presidente más callado de la historia de la democracia, Mariano Rajoy, y al PP no les había quedado más remedio que incumplir todo su programa electoral y hacer exactamente lo contrario de cuánto habían prometido. El paro, la deuda, el gasto y el déficit eran los cuatro jinetes de la Apocalipsis y cabalgaban desbocados y fuera de control. Que Dios nos pillaba confesados era de hecho el único consuelo.

La estrategia es vieja pero sigue resultando muy efectiva. Primero se avisa del desastre que uno mismo se encarga de avivar, agigantar, empeorar y multiplicar. Luego se presenta como el héroe que ha logrado evitar tamaña desgracia gracias a  su liderazgo, gallardía y determinación.

Hace un año había que justificar los incumplimientos electorales y todo iba mal. Ahora hay que salvar unas elecciones europeas y todo va mejor. Rajoy es el héroe que nos ha salvado del fin del mundo que él mismo había vaticinado. Las encuestas parecen indicar que el mensaje funciona y va calando. Crece el optimismo y las expectativas electorales del PP han pasado de la derrota por la mínima a la victoria por la mínima. Aunque ya se sabe que en estos tiempos las encuestas las carga el Diablo.

Parte del éxito se debe a la disciplina y convicción que, tanto el presidente como su partido, están acreditando a la hora de implementar esta estrategia de Rajoy y el lobo. Si los datos no les dan la razón, nos dicen que leamos la tendencia y si la tendencia les niega, nos aconsejan mirar los datos. Nunca permiten que la realidad les estropee una buena consigna. Su compromiso con la propaganda resulta admirable.

El plan no puede ser más redondo. Aunque no todo resulta tan fácil. Mariano Rajoy se enfrenta y debe vencer a una poderosa conjura de derrotistas, una tupida red de individuos e instituciones que se empeñan en hacer "un planteamiento triste o de cenizo", como acertadamente ha descrito el presidente usando ese lenguaje coloquial que la gente entiende. La OCDE, el FMI, la UE, el BCE... Todos se emperran en avisar que la cuarta parte de la población activa seguirá en paro, el crecimiento será débil y desigual, habrá que recortar como mínimo otros veinte mil millones o que los salarios y las pensiones deben seguir bajando.

Pero entre todos esos tristes y cenizos, el peor es usted, que ve cómo le han subidos los impuestos mientras Bárcenas lavaba su dinero gracias a la amnistía fiscal. O usted, que le han echado para contratar por la mitad a su hijo. O usted, que ahora paga sus medicamentos y no sabe cuánto será su pensión. O usted, que se ha quedado sin becas para sus hijos. O usted que se ha hecho autónomo porque ya no sabe qué intentar. Ustedes son los verdaderos cenizos incapaces de aceptar la evidencia: las cosas van mejorando. Por suerte, su problema tiene fácil solución: usen más la imaginación y arriba esos corazones.

ANTON LOSADA
Publicado en "El Diario" - 6/5/14

lunes, 5 de mayo de 2014

¡Basta de Silencios!

No es sólo la crisis, ni los recortes, ni la obsesión por el déficit público. Cuando se instauran copagos, se recorta en becas y dependencia o se imponen tasas judiciales que llevan a los que no tienen recursos a desistir de la defensa, hay detrás todo un modelo doctrinal. Lo llaman obligación pero es ideología. Un credo para otra España que no es la construida con el esfuerzo de todos en los últimos 30 años. Pero con todo, lo peor no son los ajustes, ni la presión fiscal, ni siquiera la propaganda que pretende instaurar el relato de un país que ha atravesado con éxito el Cabo de Hornos (Rajoy dixit).

El retroceso en materia de libertades y derechos fundamentales va directamente al corazón del sistema democrático. Y el ritmo cardiaco del nuestro adolece ya de una patología que precisa tratamiento urgente, quizá de una rebelión cívica en la que cada uno desde su ámbito de actuación asuma activamente sus responsabilidades y no se conforme con el "España vuelve a ir bien". Si no hacemos nada, cuando un día miremos para atrás, nos daremos cuenta de lo que perdimos y será una ingente tarea recuperar lo perdido.

Y aquí es donde aún estamos a tiempo de que el periodismo esté a la altura. En todo periodo de cambio radical, y éste sin duda lo es, hay damnificados. Muertos que quedan por el camino. Y si el derecho a la información y la libertad de expresión es uno de ellos, mal vamos. ¡No lo permitamos! Ni callemos, ni finjamos normalidad. Hace unos días Marty Baron, el director de The Washington Post, decía en una entrevista con María Ramírez en El Mundo: "Si no nos levantamos contra el poder, sacrificaremos nuestro futuro". 
Así que glosemos sin escatimar tipografía las reformas legislativas con las que el gobierno del PP quiere cercenar derechos individuales y libertades públicas. Ahí está la reforma del Código Penal que instaura la prisión permanente revisable en contra del criterio de la mayoría de juristas; impone la libertad vigilada no sólo para delitos de terrorismo y elimina el artículo que protege el ejercicio de derechos como el de huelga, reunión o manifestación. Un texto que aguarda que pasen las elecciones europeas para evitar el escándalo y se diluya el eco de los contundentes informes en contra.

Echen un vistazo además a la pretendida ley de Seguridad Ciudadana que restinge derechos a los medios de comunicación al limitar la actuación de los fotoperiodistas en las manifestaciones y busca minimizar la protesta ciudadana. Límites, mordazas, advertencias... La derecha española quiere una mayoría silenciosa que ni informe ni proteste. Qué pretende si no el anteproyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial de Gallardón al establecer que cuando los jueces consideren perturbada su independencia, se pueda ordenar a un medio de comunicación que no informe de un asunto judicial (léase Gúrtel, Bárcenas o Noos). Una legislación predemocrática. De eso se trata. De eso y de limitar el derecho a la información.

Nuestra primera obligación es la verdad, pero después la lealtad, y no con el poder político, ni el económico, sino con quienes depositaron en nosotros ese derecho irrenunciable que garantiza el artículo 20 de la Constitución. Ni un paso atrás. Aunque la influencia política tumbe directores, retire publicidades institucionales, trate de imponer silencios y dicte la lista de contertulios semanales en los medios públicos, será siempre la verdad, y no las leyes mordaza, la que ayude al sostenimiento de la democracia.

Y si España padece una profunda crisis política, social, económica e institucional no desterremos de nuestras páginas ni de nuestros análisis expresiones por el simple hecho de que inquieten el poder. Entre nuestras obligaciones está la de controlar al poder aunque a éste le incomode y si el poder pretende cercenar derechos, hay que contarlo, no maquillarlo, ni obviarlo. Nadie dijo que este oficio fuera para hacer amigos, ni que fuera fácil resultar molesto y crítico. Pero esa es la esencia. "La ética -dijo García Márquez- debe acompañar al periodismo como el zumbido al moscardón". 
No somos voceros, ni transmisores de argumentarios, sino moscones molestos. Así que si a la vicepresidenta del Gobierno se le escapa un "en mi puta vida", escribamos "en su puta vida" por más que sus asesores intenten que no lo hagamos. No consintamos que la crisis o el miedo se conviertan en atenuante de un periodismo dócil. Vigilemos al poder desde el rigor y la independencia y no finjamos normalidad ante los atropellos. Y entre tanto, haría bien este gobierno de tanto católico practicante en respetar en estos tiempos de canonizaciones y santos la máxima de Catalina de Siena: "¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! Porque, por haber callado, el mundo está podrido". 
Pues eso.

ESTHER PALOMERA - Ex-adjunta a la dirección de "La Razón", despedida por su director por orden de Génova-Moncloa.
Publicado en "El Huffington Post" - 5/5/14 

domingo, 4 de mayo de 2014

¿A Quién Interesa la crispación?

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Una de las principales virtudes del proceso soberanista que está en marcha en Catalunya es su absoluta pulcritud democrática y el carácter completamente pacífico y la ausencia total de violencia con que se desarrolla, o sea, su exquisitez en todos los sentidos. Es, de hecho, un valor que está asombrando al mundo entero y puede ser, además, una de las grandes bazas para el éxito de la empresa. ¿A quién interesa entonces la crispación y el enfrentamiento?

La respuesta es fácil: es obvio que no interesa lo más mínimo a los independentistas y mucho, en cambio, a los que quieren que el proceso catalán descarrile sea como sea y, ante la evidencia de que democráticamente tienen las de perder, están dispuestos a cualquier cosa para conseguir su objetivo. La frase atribuida, y no desmentida, a Jordi Cañas -el dirigente de C’s que acaba de dejar su escaño en el Parlament al ser imputado por fraude fiscal- de que “os montaremos un Ulster que os vais a cagar” es harto elocuente de hasta dónde piensan llegar algunos y de los medios que se proponen utilizar. 

Están, desde el primer momento, intentando dividir a la sociedad catalana en función del origen de cada cual y agitando el fantasma de una “fractura social” que no existe más allá de sus esquemas mentales y, a la vista del fracaso de tácticas lerrouxistas de esta especie -iniciativas como las de Súmate, la asociación impulsada por castellanohablantes que también aspiran a que Catalunya pueda decidir libremente su futuro, son fundamentales para combatirlas-, ahora han decidido sembrar el germen del enfrentamiento físico y buscar el altercado en la calle, que es el que consideran que sería letal para el movimiento soberanista. Y, ciertamente, razón no les falta, de ahí la imperiosa necesidad de que los sectores independentistas no caigan bajo ningún concepto en la provocación.

Es en este contexto en el que no basta con condenar la agresión sufrida por Pere Navarro en su ciudad, Terrassa, ni es responsable emplearla para encrespar los ánimos en contra de la opción soberanista. Es imprescindible que los hechos se clarifiquen cuanto antes y que recaiga sobre quien los haya cometido, con independencia de adscripciones ideológicas o no, el castigo correspondiente. Pero lo que hay que evitar a toda costa es confundir una situación que es tan aislada como reprobable con la existencia de un supuesto y creciente clima de convulsión social en Catalunya vinculado al proceso de emancipación respecto de España, que, a pesar de que es justamente lo que algunos están deseando que ocurra -el PSC también se apunta a la estrategia de la crispación que hasta ahora era patrimonio de PP, C’s y UPyD-, no tiene ningún viso de realidad. Y es también en este contexto en el que habría que aplicar la misma diligencia en desacreditar los ataques que reciben otros ciudadanos por mostrar simbología independentista o pronunciarse sencillamente a favor de la independencia o los insultos y amenazas de que a diario son objeto cientos de catalanes, anónimos y no tanto, a través de las redes sociales por el simple hecho de serlo o por expresarse en catalán.

¿A quién interesa que el proceso catalán se crispe? ¿A quién beneficia? ¿A quién perjudica? Pues eso.

JOSEP GISBERT
Publicado en "La Vanguardia" - 1/5/14
-2-


Todos condenamos la violencia, pero hay muchas maneras de hacerlo. Incluso hay formas de condena que no son sino subterfugios para convocarla. Si en las democracias es función de la política absorber, resolver o por lo menos encarrilar los conflictos, con motivo del proceso algunos políticos pretenden magnificar las tensiones y procuran que desborden su propio marco. José María Aznar fue el primero que profirió una severa amenaza a la convivencia de los catalanes. Cuando dijo que antes que España se rompería Catalunya, marcó un camino a los que le hacen caso: el objetivo estratégico de crispar Catalunya como arma contra el soberanismo. A la ciudadanía, pues, le toca estar muy alerta; a los políticos y a los medios de comunicación con un mínimo de sentido ético, abstenerse tanto de crispar como de generar o exagerar la percepción de una crispación que, en realidad, hoy por hoy y esperamos que dure, se encuentra en niveles muy bajos.

Es en la batalla por la imagen de la crispación donde hay que enmarcar la agresión a Pere Navarro, sus posteriores declaraciones relacionándola con el soberanismo y la polémica subsiguiente, que no finalizará hasta que se conozca la identidad y las motivaciones de la agresora. Un buen amigo separaba a los que desean que la mujer no tenga nada que ver con el derecho a decidir y los que esperan lo contrario. ¿Hay simetría entre unos y otros?
La respuesta es no. Unos pretenden alejar la violencia de su campo, es decir del proceso, y los otros embadurnar el soberanismo con violencia, incluso antes de saber si el episodio tiene o no algo que ver con motivos ideológicos. No puede haber más disparidad ética. Los ideólogos del soberanismo, en bloque, entienden que el civismo es irrenunciable y la crispación les perjudica, mientras que buena parte de sus contrarios, por fortuna no todos, entienden que la crispación les resulta o les puede llegar a ser muy útil.

No hablamos solo de violencia física, sino también verbal, puesto que muy a menudo la violencia verbal reiterada engendra violencia física. Llegamos por este camino al territorio de los insultos. Abundan en la red. Se lanzan desde todas las bandas, oímos decir, pero pocos se fijan en la carencia de simetría aludida. Cada vez que un soberanista profiere insultos a alguien que no piensa como él, perjudica a su causa y lamento decir, a la vista de la retahíla de declaraciones iniciada por el expresidente Aznar, que no estoy nada seguro de lo contrario. Quien invoca la crispación, la convoca y la magnifica, y es posible que la desee. Los soberanistas que insultan, y así desbordan los límites cívicos y los estrictamente políticos del debate, proporcionan a sus oponentes un material muy perjudicial para la causa que defienden.

XAVIER BRU DE SALA - Escritor
Publicado en "El Periódico de Catalunya" - 3/5/14

viernes, 2 de mayo de 2014

Morro de cerdo '1º de Mayo'

Más allá de la hoz y el martillo, de las revoluciones con claveles o sin ellos, de las rosas rojas y de las gaviotas azules, sobre todo de las gaviotas azules, el cuenco ha sido siempre el símbolo del trabajador y los jetas, los tipos con morro, esos que siempre lo han sabido y que de tanto en tanto vertían en él cierta cantidad de alimento para seguir ganando dinero a su costa.

Por un cuenco de arroz los chinos fueron llevando el ferrocarril desde las civilizadas costas atlánticas hacia el salvaje oeste, llenando de muertos las cunetas en un EEUU incipiente y sin vertebrar. Por un cuenco de gachas, más al sur, donde los modales refinados en ambientes de bucólica belleza encerraban el corazón de las tinieblas, los negros sudaron sangre sobre el blanco algodón. 
Por un cuenco de gazpacho los jornaleros andaluces modelaron un paisaje caciquil sobre el que dejaron la vida sin llegar a poseerlo, como el extremeño o el manchego, cuyos cuencos medio llenos de pringue y cereal fueron el motor de la fortuna de unos pocos, del mismo modo que lo fue el de los campesinos del sur de Italia, de cuyo cuenco de polenta se mantuvieron hermosas villas Berlinghieri.

Más allá de la latitud el jornalero siempre llevó colgado del cuello un cuenco metafórico donde recoger su salario, la miseria que el cacique, el patrón, el amo o el empresario daba. Y cuando el hambre extrema o la extrema injusticia hicieron que huyera en desbandada hacia la humeante ciudad convirtiéndose en obrero, aquel cuenco continuó engrasando el progreso de la sociedad y los bolsillos de unos pocos y a duras penas sofocando el hambre de la inmensa mayoría.

Aún hoy en Sri Lanka, la India y en otros países miserables y emergentes como estos, el trabajador lleva ese cuenco colgando para que la mano paternal y mezquina del empresario se lo llene mientras el político se lo permite. Una asociación indisoluble, porque actuar de esta manera requiere del otro para que facilite las condiciones o mirar hacia otro lado.

Da la sensación que hoy quisieran llevarnos de nuevo a esa época negra y sin épica de cuenco y cereal, a ese presente culpable cercano y alejado a la vez. Los hidalgos venidos a menos siempre han tenido en España una olla de algo más de vaca que carnero y salpicón las más de las veces, pero el pobre, el obrero, ayer y hoy, siempre ha saltado del cuenco a la inanición en un visto y no visto sin ver ni la cabra ni el carnero: que se lo digan si no todos aquellos que han sido arrancados de sus casas y los millones de parados que viven de la caridad de sus familias y de las ONG; millones de parados a pesar de los datos que se ofrecen, si no manipulados sí turbiamente interpretados desde el Gobierno.

Desde que se dio la primera relación laboral nunca se ha valorado el esfuerzo del trabajador, sólo ha importado el beneficio. Una relación laboral es como una relación de pareja donde ambos aportan para que el proyecto funcione. No debe haber relación de superioridad porque de ser así el desequilibrio resultante termina por hundir la empresa. El amo, el patrón, el cacique o el empresario siempre ha concebido el salario como una concesión y no como una necesidad derivada del intercambio, y ha aprovechado la mínima oportunidad para reducir el coste, es decir, ampliar sus beneficios, a costa de su salario y de su tiempo. Lo que está pasando hoy no es más que un ejemplo de ello.

"Desgraciadamente, hay que trabajar más y ganar menos para salir de la crisis" era la consigna indecente de un Díaz Ferrán que como un Berlinghieri moderno pretendía sobrevivir rico a costa del sacrificio inducido de los trabajadores. Qué jeta, qué cara más dura, qué morro la de este presidente de la patronal que se sentaba junto a los políticos a determinar el futuro más o menos negro de una clase trabajadora condicionada injustamente por sus decisiones, y que encerraba en sus mensajes todo un espíritu contrarrevolucionario. Pero no solo aquel mostraba jeta, cara, morro y desvergüenza. Tanto aquella patronal como la actual, aplauden unas leyes y reformas implantadas por el PP que pretenden limitar el derecho a la huelga, que cuestionan la jornada de 8 horas, que facilita el despido y decretan contratos que rayan el servilismo (antes que nada, mejor esto, arguyen; y se quedan tan anchos).

A pesar de todo, el 1 de mayo no sólo debe ser una cita para reivindicar derechos laborales. Desgraciadamente debemos seguir exigiendo el mantenimiento de una sanidad, una educación y una justicia universales y de calidad. Unos derechos ganados a través de la lucha de muchos años, que los mismos jetas que nos limitan los laborales nos están robando. Repitiendo sistemáticamente que la culpa de todo ha sido nuestra y que es insostenible el Estado del bienestar, han sido capaces de hacernos creer que renunciando a parte de nuestros derechos no perderemos todo y saldremos de ésta; y mientras, a los verdaderos culpables, sin nombres y apellidos, tan solo los conocemos con un confuso Los Mercados.

Sin duda las reivindicaciones de los próximos años no pasan por ampliar derechos y servicios, sino por recuperar todo o parte de lo que nos están quitando. Hoy más que nunca la implicación de todos nosotros, de la sociedad civil, es fundamental frente a quienes están sentando las bases de un mundo donde las desigualdades en el reparto de la riqueza son cada vez más grandes. Un mundo perversamente distribuido donde la fortuna inabarcable de unos pocos jetas se sustenta en los cuellos sumisos donde colgar un cuenco de una inmensa mayoría.

Esta receta se lo dedico en este día a ellos, a los jetas, a los que tienen un morro que se lo pisan, sean políticos, empresarios o especuladores. A los que con careta o sin ella son capaces de arruinar la vida de millones de personas o vivir a costa de ellas: Morro de Cerdo Primero de mayo. Un plato exquisito, no lo dudes, como sus modales hipócritas; un plato terrestre que emula el encanto del pulpo a la gallega y que está igual de bueno si no más. Un plato casi caníbal, que en una suerte de exorcismo antropófago, salda tanta injusticia a través del paladar.
Que lo disfrutes. Y ojalá que se percaten de ello. 

JAIME LOPEZ FERNANDEZ - Cocinero.
Publicado en "El Huffington Post" - 1/5/14

Nota: He obviado la receta. Lo importante ya se ha dicho.

jueves, 1 de mayo de 2014

¡Que Vuelven los Aznar, Mariano!


Sin duda el jarrón chino más molesto de nuestra ardua democracia es José María Aznar. Y parece que no se rompe nunca. Harto de que lo asegunde su segundón –Mariano ni siquiera le llamó para la campaña a las europeas–, el ex presidente acaba de arrojar, esta semana, un órdago de hondo calado político al futuro del Partido Popular. Es un órdago con forma de mujer y se llama Ana Botella.
Hace dos días, la alcaldesa de Madrid anunció la supresión de la tasa de basuras y la desaparición de la ORA en varios barrios de la Villa y Corte. El anuncio no fue en sede oficial. Botella lo hizo en un foro organizado por el ABC y empleó un tono mitinero impropio de una dama.

Enumeró sus logros y enfatizó su gestión con datos y cifras: “Para hacer frente a las consecuencias de la crisis, he llevado a cabo un trabajo ingrato, pero vital. He tenido que proteger nuestras finanzas municipales contra el riesgo de una situación límite. Porque era una situación límite”. Blandió la hipocresía poética en el tono mesiánico de los candidatos estadounidenses: “He sufrido por mi ciudad y sigo sufriendo cuando veo tanto daño social afectando a los jóvenes y a los menos jóvenes”. Y se postuló sin muchos miramientos como candidata a las próximas municipales: “Pero cuando intercambio impresiones cada día con los madrileños, soy consciente de que la crisis y sus inquietudes siguen estando ahí. Los daños han sido tan terribles que todavía tenemos que trabajar mucho para convencer. Todavía hay mucho que hacer. [...]. Dedico y seguiré dedicando en el futuro toda mi energía a encontrar soluciones”.

No sé cómo le habrá sentado este paso de los Aznar/Botella a Mariano Rajoy, si es que dicho señor existe. Pero el recado tiene que haberle llegado. En el auditorio estaban Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. No me cuesta imaginar a las dos rubias entrando a saco en Moncloa, abriendo el armario donde se oculta Rajoy y enseñándole entre gritos la portada de ABC.
–¡Mariano, mira lo que ha dicho ésta! ¿Quién se ha creído que es?

Entre las pocas cosas que sabe Mariano Rajoy, está la evidencia de que Ana Botella no es un buen cartel electoral para revalidar mayoría siquiera simple. Las dos rubias antes citadas sonaban ya como posibles sustitutas, lo que tiene aterrorizados a los agentes de tráfico de todo Madrid. Ahora los Aznar quieren proteger su plaza y lo dicen a voces en el momento en que más importunan a Rajoy, en plena precampaña ya de unas europeas en las que es probable que el apático gallego consiga los resultados que se merece. O sea, horrorosos.

Es cierto que Aznar no está hoy tan vigorizado en el partido como en el gimnasio, pero Rajoy es un púgil de broma, un paradigma de debilidad e indecisión, una caricatura en el plasma. Lo explica muy bien mi Espe cada vez que abre la boca.
Conociendo a nuestro entrañable presidente, no sería de extrañar que optara por aparcar el problema y esperar a que las tres tigresas, Botella, Aguirre y Cifuentes, se despedazaran entre ellas hasta lograr el cartel por selección natural. Aguirre es la hembra alfa, pero Botella tiene al macho alfa, y Cifuentes puede ser la rival de consenso que desactive la batalla entre las otras dos. Las fuerzas están muy igualadas. Estoy deseando que empiece la película: Tres tigresas tristes. Suena incluso a filme de cahiers.

También anhelo con ilusión adolescente ver cómo va a escenificar públicamente Aznar el apoyo a su señora. Qué joyas de hiel va a repartir por los titulares. Porque ya ha dejado claro que no conserva ningún tipo de lealtad hacia Rajoy, que le ha traicionado demasiadas veces. Y malicio que no se va a cortar un pelo y va a regalarnos unos exabruptos muy excelsos y estupefacientes. Fue un presidente muy mentiroso, pero nos ha dejado un jarrón chino que puede dar mucho juego molestando por todos los pasillos por los que transite Rajoy. Nos vamos a reír, auguro.

ANIBAL MALVAR
Publicado en "Público" - 30/4/14

miércoles, 30 de abril de 2014

En Su Puta Vida...

... han estado más contentos.

Dentro de esta disparatada carrera, en la que parece dirimirse a ver quién la hace más gorda (catalanada lingüística: me encanta mestizar) en la escalada de la propaganda oficial, este martes se produjo un hito: pareció que doña Soraya y don Mariano hubieran confundido sus papeles con las respuestas.
Vamos a ver.

Si te preguntan cómo te sienta que la EPA nos dé por jodidos, una vez más, con la caída salvaje del empleo, lo lógico es que el presidente Rajoy se exprese así:
-¡En mi puta vida he recibido una noticia peor!
Para, acto seguido largarse, sofocado, sulfurado, dolorido,  taconeando y con la barba al viento.


Mas si lo que te inquieren es cómo te sientes por haber supuestamente percibido dineros negros metafóricamente llamados "sobres" (aunque literalmente pueden haberte llegado por cualquier otro ingenioso método barcenasiano, incluido el boca-a-boca o en pincho de tortilla), sería de lo más natural que la interpelada gritara:
-¡Estoy muy contenta! ¡Vamos cada vez mejor! ¡Esto se va arreglando!
Y que invitara a los asistentes a tomar unas copas en el atractivo bar del Congreso.

Desde el punto de vista de la mera estética y de la verosimilitud literaria constituye un error, un inmenso error, que nuestra pequeña hada buena de los Consejos de Ministros soltara un desatino procaz como el que ayer aulló. La funcionaria modelo que puede con todo, que nunca se moja y que, en tantos aspectos –como trabajadora, como madre y como arremangada– representa un ejemplo para la mujer-tanqueta que todas y todos aspiramos a ser, nunca debe ensuciar sus labios con palabrotas. Precisamente yo, que soy ordinaria de nacimiento, me fijaba mucho en ella, antes, para mejorar mi actitud y mi parla. La tenía en un altar. Y eso, querida, se acaba de hacer añicos como un jarrón de la Dinastía Mizi-Fuz.

Por otra parte, pone los pelos de punta la mera imagen de un Mariano Rajoy Muy Contento. Es como si un enterrador se regocijara por tener overbooking, ya me entendéis. Lo que a él le va es la línea sobria, algo entre El Caballero de la Mano en el Marca y un vendedor de alpiste de los años 50 envuelto en bata gris. Ahí debería quedarse, que para lo otro ya tiene a González Pons, hombre cuyo físico admite maracas, alharacas y blusas caribeñas.

Lo malo de estos jocosos sucedidos, que en época preelectoral deberían aliviar tensiones y limar juanetes, es que nos pillan muy mayores, muy fatigados, muy doloridos y muy escépticos. Cierto, disponemos de excelentes dúos circenses en el hemiciclo, incluso en Moncloa y, además, en FAES, pero la repugnancia que sentimos nos impide, ustedes perdonen, apreciar en toda su grandeza el espectáculo de sus puestas en escena y de sus mentiras.

Deberían irse con la música a otra parte.

MARUJA TORRES
Publicado en "El Diario" - 30/4/14