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>UN BLOG CON TUS ARTÍCULOS DE OPINIÓN, O LOS RECOPILADOS DE LA PRENSA NACIONAL, QUE NOS APORTAN SU GRANITO DE ARENA

miércoles, 18 de junio de 2014

Prueba de Patriotismo

Dicen Ana Botella y Esperanza Aguirre que este jueves, día de la coronación, los madrileños tenemos que dar "prueba de patriotismo" mostrando “pleno respaldo" a los nuevos reyes, aclamando a Felipe VI, colgando banderas rojigualdas en ventanas y balcones, creando una marea patriótica. Quieren una escenificación. 

Este jueves, o dices “viva el rey”, o nada. La delegación del Gobierno ha prohibido dos manifestaciones republicanas, pero también una protesta contra los recortes en educación y una concentración contra la impunidad de los crímenes del franquismo, a pesar de que la misma estaba prevista para las ocho de la tarde en Sol, cuando los actos de proclamación ya habrán terminado.

Felipe VI comenzará su reinado en un contexto de doble imposición: la de su coronación, sobre la que los ciudadanos no hemos podido pronunciarnos en referéndum, y la de la censura, con la denegación de permiso de diversas protestas públicas cuyo fin no es celebrar que el nuevo rey ha llegado, aleluya. 

La propaganda al servicio de la monarquía es tal que se presenta como democrática la coronación de alguien que no ha dicho ni mu sobre los recortes, los desahucios, la sanidad y educación públicas, las pensiones y la jubilación, el crecimiento de la desigualdad, el papel del Banco Central Europeo o el FMI, por citar algunas de las cuestiones que más nos afectan. Es hijo del rey, es Borbón y ha estudiado mucho. ¿Qué más queremos los súbditos? 

Llaman ser patriota a aplaudir al rey pase lo que pase, como en el cuento del rey desnudo. Pero el patriotismo es otra cosa. Ser patriota no es tener cuentas en paraísos fiscales y sí lo es contribuir con el Estado pagando los impuestos que corresponden. Ser patriota no es defender los desahucios o los recortes de servicios públicos fundamentales para las personas que viven en tu país. No es rescatar entidades financieras con el dinero de todos, sino hacer políticas que rescaten a la gente. Los que se han apropiado del término patriota quitan al Estado empresas rentables para dárselas a entidades privadas y socializan empresas privadas cuando éstas tienen pérdidas, para rescatarlas con el dinero de todos. 

Quienes se sienten dueños del patriotismo y nos dicen que ser patriotas es aplaudir al rey son los mismos que han defendido la venta de viviendas de protección oficial a foindos buitre -extranjeros-, que en pocos meses han duplicado el precio de venta. Son los que niegan la justicia universal a los españoles, e incluso quienes están dispuestos a dar la espalda a un ciudadano español para defender los intereses del ejército extranjero que le ha asesinado. 

El patriotismo del Ayuntamiento del PP de Madrid va a destinar 21 millones de euros para convertir un parking público de Canalejas en un complejo de lujo pero se niega a garantizar a los ciudadanos una vivienda digna y otros derechos fundamentales. El patriotismo del Ayuntamiento de Madrid recorta la ayuda para necesidades sociales de emergencia pero decide renovar el mobiliario urbano en las calles por las que pasará la comitiva tras la proclamación de Felipe VI. El resto de Madrid no es digno de renovación. 

El patriotismo de la alcaldesa Ana Botella es el que la lleva a un spa de lujo en Portugal horas después de la muerte de cinco jóvenes en la instalación municipal Madrid Arena, que no tenía licencia ni cumplía la normativa de seguridad. 
Es ese patriotismo con el que afirma que la reforma laboral del PP, la que nos ha impuesto más recortes, es “la ideología que más progreso ha traído a la humanidad”. Cada revisión de la lista de espera quirúrgica en Madrid bate un nuevo récord: La región gobernada por Ignacio González acumula 75.000 personas aguardando una intervención tras el recorte en presupuesto y plantilla. Pero ser patriota es salir a la calle a saludar y aplaudir al hijo de un rey que llega a jefe de Estado para asumir un cargo hereditario, vitalicio e inviolable. 

Nos lo dice una alcaldesa no electa como tal, en una región con un presidente de comunidad no electo como tal, sobre un jefe de Estado no elegido. 

La monarquía ha protagonizado casos de corrupción, ha trabajado por el mantenimiento del statu quo, ha servido a los intereses de una elite, ha sido parte de este engranaje en el que se ha institucionalizado la estafa. Teniendo en cuenta que Felipe VI es sucesor de ello, un mínimo gesto de patriotismo nos exige recordar a quien hereda el trono sin haber dicho nada que los aplausos hay que ganárselos. 

Reivindiquemos otro tipo de patriotismo. El que defiende derechos para todos y no solo para unos pocos. El que trabaja por una vida digna y por una mayor igualdad. El que lucha por que no haya privilegios para una elite a costa de una mayoría. El que hace de la solidaridad su bandera.

OLGA RODRIGUEZ
Publicado en "El Diario" - 17/6/14

viernes, 13 de junio de 2014

¿Eres Madre?... ¡Pues al Paro!

Menos mal que somos muchas las mujeres que engrosamos las listas del paro. Al principio yo pensaba que era una putada quedarte sin sueldo y sin poder desempeñar tu labor profesional. Pasar al desempleo no me parecía un planazo. Especialmente después de verme rodeada de mujeres en esta situación (según la Encuesta de Población Activa -EPA-, la tasa de desempleo femenino es de un 26,57%). Pero desde que leí en rtve.es que “La salud de los bebés mejora si la madre está en paro y se puede cuidar durante el embarazo”, ya me quedo más tranquila.

Siempre hay alguien que, cuando pasas un momento difícil, viene a echarte un cable diciéndote que no hay mal que por bien no venga. Esa mentalidad tradicional que justifica todo lo malo, como si pasara por algo que has hecho mal, aunque sea mentira. O esa mentalidad que te anima a conformarte como si nada, como si no importara. Como cuando le dije a una persona cercana que me había quedado sin trabajo y me respondió: “Tranquila, cuando se cierra una puerta, se abre una ventana, como decía Sor María en Sonrisas y Lágrimas“. ¡Qué cojones sabrá Sor María!

Siempre hay razones para justificar todo. ¿Que las tías cobran menos? No es casualidad. Hay jefes con argumentos de todo tipo para explicar por qué entre sus dos subordinados, a ella no le ha subido el sueldo, pero sí a su compañero de escritorio, pese a tener peores resultados. “Es que tu marido gana una pasta”, por ejemplo. Yuhuuuuu. No os engañéis, chicas. Lo que pasa, en realidad, es que él sí tiene colita, y el que decide la subida de salario, también.

Es asombroso que a estas alturas, la televisión pública se haga eco del estudio de la Barcelona Graduate School of Economics (BGSE), que arroja una conclusión tan machista (el paro es bueno en las madres, en los padres no). Un informe que, en el fondo, justifica y saca algo positivo del desempleo femenino (como que las mujeres nos cuidamos más, jajaja). ¿Y ellos? Vaya morro.

La maternidad es ese momento en el que te caes del guindo y, por más que creas en la igualdad, te das cuenta de que eres tú la que va a ser castigada física, mental y profesionalmente. Es lo mejor, pero a la que le salen estrías, celulitis y se vuelve un globo, eres tú.  Es maravilloso, pero la que reduce jornada, sueldo y cotización eres tú. Es algo compartido, pero a la que le duelen los pezones al dar el pecho es a ti.

Lo bueno es que todo esto no importa. Gracias, rtve.es, por ver de una forma taaaaan positiva que a las mujeres con hijos y demás chicas en edad de procrear no se nos pueda ver como trabajadoras en igualdad de condiciones que ellos, por más que sean padres o estén en edad de serlo. Otro argumento más para la lista de tonterías que utilizan los gilipollas que deciden a quién contratar desde los departamentos de Recursos Humanos de las empresas de este país.

SANDRA BULOS
Publicado en "Público" - 12/6/14

domingo, 8 de junio de 2014

Rajoy, el Gran Estadista

Mariano Rajoy, que estos días parece un niño con zapatos nuevos, se inclinó el otro día ante el Rey como si estuviéramos aún en el  en el Antiguo Régimen. Su tendencia a ser un servil es bien conocida.  

Ahora disfruta porque la abdicación de Juan Carlos I le permite creerse que es un estadista. Un hombre de Estado, un presidente que pasará a la Historia de España como una especie de héroe. Le importa un bledo que, mientras él se jacta de sus éxitos -que son inexistentes- cada dos por tres van apareciendo ante la opinión públicas  corruptos a granel, procedentes del Partido Popular. 
El éxito de Rajoy es que acumula con gran tranquilidad los numerosos presuntos chorizos que se encuentran bajo sospecha y sigue sin limpiar la mierda de no pocos/as populares.

Era sabido en toda Valencia que el tránsfuga Blasco, pasado del PSOE al PP -donde se hizo millonario-, era un corrupto. Rajoy, sin embargo, dejó hacer y se lavó las manos, que es su especialidad en el arte del cinismo. Ha sido Blasco condenado, pero como la Justicia valenciana es la que es, resulta que se quedará en su casa y a vivir que son dos días. En la Comunidad de Valencia los asuntos oscuros y siniestros -como el accidente del metro de la capital valenciana- se han mantenido durante muchos años. Desde Camps y sus trajes hasta el aeropuerto sin aviones promovido por el cacique castellonense Fabra, al que Rajoy calificó públicamente de “ser un ejemplar ciudadano y político”. La trama gallega -gallego Rajoy- ha saltado recientemente. Hay mierda por doquier.

¡Ojo, que está Ruz! El juez Ruz señala que ve indicios de delito en las obras de la sede del PP. El juez imputa al delitos y falsedad al extesorero. El País publica hoy lo siguiente: “La investigación judicial también ha estrechado el cerco en otros frentes, como el relativo a las obras de la sede principal del PP -abonadas supuestamente con dinero negro-, el pago de una supuesta comisión ilegal al PP de Castilla-La Mancha, o la compra del edificio que ocupa el PP de La Rioja, supuestamente pagado en parte con dinero no declarado a Hacienda por la dirección del partido conservador en esa comunidad autónoma“.
Y entre tanto el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, mirando a las telarañas, callando y escondido sin abrir la boca por si acaso. La Moncloa y Génova 13 hacen ver que aquí no ha pasado, ni pasa, nada. No hay país solvente que pueda aguantar lo que ocurre desde hace años en la España del PP. Es una gran vergüenza. En efecto, muchos de ellos son sinvergüenzas que se dedican a la política para forrarse.

Postdata.- La austeridad del acto de entronizar al Príncipe heredero, Felipe de Borbón, es un gesto que, más allá de otras circunstancias negativas para la Corona, debe ser respetado. Máximo cuando, en ese próximo acto, no habrá misa. Es una decisión valiente la del nuevo Rey. Es una lección en favor del laicismo, aunque pueda molestar a la cúpula eclesiástica, que sigue escandalizándose siempre que alguien defiende el laicismo. ¡Una cosa es el César, y otra, Dios! Y respecto a lo dicho, ¡chapó don Felipe!

ENRIC SOPENA
Publicado en "El Plural" - 6/6/14

sábado, 7 de junio de 2014

El Cuento de Caperucita

Cuando no nos habíamos repuesto de los abruptos comentarios que siguieron al resultado electoral del pasado 25-M, pues aquí es corriente despachar a las sardinas como ballenas de buen porte, don Juan Carlos decidió acaparar la atención pública comunicando que iba a hacer aquello que siempre había parecido que no haría, abdicar. Enseguida empezó una extraña competición entre los que dijeron que ya lo sabían y los que reconocieron que sólo se habían enterado unos días, o unas horas, antes. Luego se descargó sobre nosotros, inmisericorde, la inacabable retahíla de elogios institucionales vertida por las numerosas televisiones oficiales y por los medios que empiezan a preguntar sus impresiones sobre el caso a los diversos figurones, con el resultado de abundantes vanidades heridas por no haber sido llamados a este singular coro informativo.

No tardó tampoco en comenzar la andanada del republicanismo que ya venía muy motivada del supuesto éxito del 25-M, y otra vez a la Puerta del Sol, porque  esta izquierda supuestamente nueva le tiene un gran apego a sus tradiciones y no desdeña la magia. Apareció entonces, rutilante, la vieja imagen de la República reconvertida por sus reclamantes en el nuevo cuerno de la abundancia, todo bienes, ninguna corrupción, un océano de promesas embebido en las palabras más hermosas, olvidando, eso sí, que de venir de la mano del voto bien pudiera ser que el presidente fuese alguien como Aznar, por poner un ejemplo que pueda resultarles familiar a los de Podemos, pero imagino que estos son detalles que a nadie deben amargarle una fiesta 'popular' como la que estos agitadores cívicos decidieron iniciar el día 2 de junio.

No sé si alguno llegó a pensar que el rey acudía en su auxilio al afirmar que “Una nueva generación reclama el papel protagonista para afrontar con renovada intensidad los desafíos”. Por si alguien no ha caído, no estará de más recordar que esta exaltación retórica de las nuevas generaciones es un producto ideológico de procedencia nada incierta, a saber, casi el único rasgo de la cultura política de los vencidos en la segunda gran guerra, nazis y fascistas, que ha sido acogido por los vencedores, y que, en el caso de los comunistas, que nunca habían sido especialmente juvenilistas, fue llevado a extremos de barbarie inaudita en la revolución cultural del  maoísmo, pero no es cosa de ponerse estrechos, y tampoco vamos a privar a don Juan Carlos de este apaño argumentario para tratar de explicar lo hiperoculto.

Las palabras de don Juan Carlos han cumplido la función que se le suele reconocer a los cuentos infantiles, y muy especialmente al escasamente ecologista de Caperucita, la abuelita y el lobo. Aunque se pueda discutir sobre la función social de este relato, apenas cabe dudar de su índole preventiva, de su condición de administrador de miedos y prudencias para que las tiernas infantas no se aventuren por bosques escasamente iluminados.
Naturalmente que don Juan Carlos no iba a contar ninguna versión de una historia tan sentimental y terrorífica, pero la retórica escogida por el monarca para explicar su salida del escenario no deja de tener aspectos monitorios, por mucho que se recubran de la retórica común sobre lo muy conveniente que es dejar sitio a las nuevas generaciones, un mensaje que seguro han escuchado con arrobo ese amplio 55% de jóvenes españoles que no conocen otro empleo que el del paro. 

Admitiendo que el rey debía dar alguna explicación sobre su inesperada decisión, cabe dudar que la retórica escogida sea la más adecuada. Por supuesto cabría desear que hubiese dado una explicación más directa de las causas de su abdicación, pero tal tipo de discurso siempre se prestaría a controversias que pudo considerar indeseables. Dado que parece comprensible que se ha estimado que una verdad rotunda no hubiera sido una buena compañera del mensaje de despedida, cabe preguntarse qué es lo que ha querido decirnos el monarca, siempre que, como me parece ser el caso, no demos en considerar que la monserga generacional contenga una razón suficiente del mutis real.

La hipótesis más favorable al monarca es la que apunta a que con su despedida ha querido decirnos que no está dispuesto a sancionar algunas cosas que parecen adivinarse en el horizonte inmediato, o que ha querido decir a la clase política que son ellos y no él quienes tienen que arreglar el carajal institucional y el desprestigio político en que parece atascado el sistema del 78. Si esta interpretación se considera excesivamente generosa con el significado del gesto regio, sólo cabría pensar que ha salido corriendo ante la que se avecina. Lo peor de esta última hipótesis es la evidencia de que ese gesto mismo puede agravar y acelerar los supuestos males en ciernes. Yo prefiero la interpretación generosa, aunque el cuento de Caperucita se preste a lecturas asaz extravagantes.

Ahora mismo, cabe cualquier suposición sobre el futuro, no tanto por lo que ha pasado como porque ahora parecen posibles situaciones impensables hace menos de dos años. El 25 de mayo el PP recibió un castigo que, si se mide en comparación con el voto de las últimas generales, cosa que no suele hacerse, adquiere la condición de una debacle, que es lo que debieron suponer los que se negaron a acudir a los pies del balcón genovés para celebrar esta segunda victoria rajoyana. El consuelo de que el PSOE está peor no es gran cosa, y menos ha debido suponer para el monarca. Dos de los soportes tradicionales del sistema de 1978, PP y PSOE, PSOE y PP, amenazan ruina, y no porque los electores se hayan vuelto locos, sino, precisamente, porque no lo han hecho. Se trata de un problema que requiere algo más y algo distinto que relevos generacionales. 

Desde 1975, si no antes, los españoles vamos corriendo detrás del espantajo de la renovación generacional, como si lo único malo de Franco es que fuese un octogenario. Va siendo hora de que dejemos de contarnos historias infantiles y pensemos en serio en lo que está mal y en lo que hay que hacer para arreglarlo, y mejor será que nos olvidemos de que un nuevo rey tenga mucho que decir o que hacer para corregir defectos que afectan a la monarquía pero que ni han nacido con ella, ni se pueden eliminar sin un serio cambio político en el interior de las dos grandes fuerzas que soportan el sistema.

J.L. QUIRÓS
Publicado en "Voz Populi" - 5/6/14

miércoles, 4 de junio de 2014

2.000 Millones, Su Primer Crimen

Se nos va el rey con un patrimonio que se acerca a los los 2.000 millones (The New York Times, por cierto; no La Tuerka). No está mal para los servicios prestados. Toca a un beneficio de 50 millones al año, cifra que se eleva sutilmente por encima del salario mínimo interprofesional. En estos tiempos de loas generalizadas a este señor claroscuro, hay que aplicarle también a su campechana majestad el baremo del tanto vales tanto tienes. La prensa extranjera lo está contando mucho. La española (de papel), menos. Vale mucho un tío que ha amasado una fortuna de casi 2.000 millones en 40 años. Es un crack, o sea. Un manguis-alfa. 
Pero, en todo caso, yo creo que a Juan Carlos, a razón de cuatro millones mensuales, habría que haberle exigido un poquito más. Por ejemplo, controlar los negocietes de su apuesto yerno, que se ha demostrado incluso mejor metiendo la mano que en el balomnano. Pero lo de meter la mano (no confundir con meter mano, pero también) ha sido siempre una muy loable cualidad de nuestra casta borbónica.

El del origen de su notable patrimonio es solo uno de los enigmas que nos ha dejado Juan Carlos I en su abandono de la mayestática y majestuosa majestad. Pero no el mayor ni el más irresoluble. A mí el enigma que más me pone, en todo caso, es este último. La borbonada final. Porque vivimos en España una semana de signos republicanos tras las elecciones europeas y la elevación a los altares izquierdosos de Pablo Iglesias. Porque últimamente los reyes y los príncipes iban mucho al fútbol a dejarse ver para hacerse populares. Porque Corinna ya no se acerca por las revistas y los periódicos a decir sus cosas. Porque los elefantes se sentían ya menos en peligro de extinción.
Demasiados signos, y ninguno de los grandes pensadores y divagadores de este país habíamos sospechado que Juan Carlos se iba. Debe ser que la monarquía suele resultar bastante indisoluble con el pensamiento. Salvo que se considere pensamiento aquel que no es racional.

El discurso del rey comienza con una promesa, con perdón por la redundancia, muy prometedora: “Me acerco a todos vosotros esta mañana a través de este mensaje para transmitiros, con singular emoción, una importante decisión y las razones que me mueven a tomarla”.
Pero después esa promesa se queda en la chorrada subsiguiente: “Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”.

Aparte de la topicidad infantiloide del discurso, yo no sé qué merecimientos tiene esa “generación más joven”, o sea Felipe VI, para “emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando”. Quizá los mismos que tuvo, en su momento, el fascista de su padre, impuesto por Francisco Franco y capaz de aplaudir con el dictador, desde el balcón del Palacio Real, octubre de 1975, los últimos fusilamientos del asesino ferrolano.

Los posibilistas, los meapilas, los ignorantes y los paletos alegarán que aquello lo hizo JC a contracorazón, en un ímprobo esfuerzo por contentar a Franco, y por no desmarcarse del plan de monarquía parlamentaria que nos guiaría hacia la risueña libertad que hoy gozamos seis millones de parados y otras gentes de malvivir. Pero, aplaudir aquellos fusilamientos arbitrarios, es como si yo justifico los 900 muertos de ETA porque estoy de acuerdo con el derecho de Euskadi a decidir. No cuela 9 milímetros Parabellum, ni pelotón de fusilamiento, como animal de compañía libertaria, Juancar, tío. Coño, por lo menos tendrías que haber pedido perdón. Y haber echado un par de euros, de tus 2.000.000.000, en la hucha de lo de la memoria histórica.

El cáncer de la corrupción en España empieza por una Casa Real corrupta que se ha embolsado casi 2.000 millones, y que inspira al asalariado a contratar al obrero sin factura para ahorrarse 50 pavos de IVA. La diferencia es que el asalariado y el obrero no pueden abdicar ni gozan de impunidad penal, y los crujen. 

Felipe VI, ese hombre tan preparado, va a heredar tarde o temprano la claroscura fortuna de su padre. Solo eso ya lo deslegitima para ser rey. Es su primer crimen. Aunque yo creo que todo ser humano, por nacimiento, está deslegitimado para ser rey. O, por los menos, para ser mi rey. 
Yo puedo ser feo, pobre y algo tontiño. Pero nunca seré vasallo. Y no es una cuestión revolucionaria. Es porque no me sale lo de sentirme vasallo. Y yo creo, viendo a España, que el fallo va a ser mío.

No sé si me he explicado, pero es que si me explico más me mandan a Cristina Cifuentes a detenerme a casa en persona, y eso sí que no. Yo soy muy mío eligiendo a mis rubias y deslegitimando a mis reyes.

ANIBAL MALVAR
Publicado en "Público" - 4/6/14

martes, 3 de junio de 2014

El Sucesor de Franco

Que el sucesor de Franco abdique es una mala noticia: tendríamos que haberle derrocado hace muchos años. ¿Por qué hemos aguantado a un rey impuesto por Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios?
No he visto en el baboso telediario (ni tampoco en este periódico) ninguna imagen del Caudillo y el futuro rey juntos en el balcón de la plaza de Oriente, ambos haciéndose ovacionar tras cinco sentencias de muerte. Una auténtica joya este Borbón educado por el dictador.

Este nefasto, triste y frívolo rey era una de las herencias más infames del franquismo, sobran las razones para alegrarse mucho de que abdique por fin. Cobardes y timoratos, hemos permitido que este individuo juerguista y proclive a los negocios sucios sea jefe del Estado por designación de Francisco Franco, pero ¿vamos a permitir que su hijo sea rey sin someter a referéndum la monarquía?

Sólo el hecho de que El País y el PSOE hayan declarado de inmediato su apoyo a Felipe debería hacernos sospechar que no podemos consentir que llegue al trono sin pasar por las urnas.

A su padre nos lo impuso el dictador y al igual que Franco ha aguantado cuarenta años en el poder. Fue un rey ilegítimo, que llegó al trono como resultado de la arbitrariedad de un dictador sanguinario. Su hijo carece de toda legitimidad, salvo que se la den las urnas, puesto que su padre, Juan Carlos, designado por Franco no está en condiciones de proporcionar legitimidad alguna. 

Sin un referéndum que decida entre monarquía y república (o entre monarquía y democracia, como ha dicho Cayo Lara con toda la razón del mundo) no podemos consentir que la herencia de la dictadura se perpetúe.

No someter a referéndum la forma del Estado, sino imponerla como un trágala de matute en la Constitución fue algo que no debíamos haber consentido. Hecho está, pero ya es hora de enmendarlo. No se ve por qué tenemos que resignarnos a los borbones, con sus yates y sus cacerías, sus devaneos, sus salidas de tono (como mandar callar a un presidente electo) y sus negocios (¿hay que recordar que durante décadas el administrador del rey fue un tal Manuel Prado, condenado por varias causas, todas apestosas? ¿Hay que recordar que el golpista Armada fue jefe de la Casa Real? ¿Hay que mencionar a Urdangarín?...

Que hayamos aguantado, tras cuarenta años de dictadura, al sucesor elegido por el dictador durante otros cuarenta años da vergüenza y miedo.
Vergüenza por lo tan para poco que hemos sido.
Miedo porque igual decidimos seguir siendo súbditos en lugar de ciudadanos.
Pero al menos exijamos que podamos decidirlo nosotros. No Franco ni Juan Carlos, que fue su ahijado político.

RAFAEL REIG
Publicado en "El Diario" - 2/6/14

EL REY ABDICA, TIEMBLAN LOS ELEFANTES

Cuando todo el mundo se dedica hoy a valorar los hitos de su corona, quisiera hacer recuento y memoria de algunas de sus víctimas. ¿Cuántas cabezas inocentes acumula el reinado de Juan Carlos de Borbón? ¿Cuántos animales decapitados por él? La cifra es incalculable, y seguramente aumentará.
Ahora tendrá más tiempo y libertad Juan Carlos de Borbón para dedicarse a su mayor afición: apretar el gatillo y disparar contra toda clase de animales inocentes. Su abdicación no es una buena noticia para los elefantes, que suponemos solo confían en que el ex monarca ya no se tenga en pie. Ingenuos elefantes: al Borbón ocioso y millonario podrán ponerle un taburete, sedoso y acolchado, para que dispare sentado y apenas sin mirar, regio placer.

Así, casi sin mirar, se cargó, el impune, al pobre Mitrofán, aquel oso tranquilo al que emborracharon y soltaron tambaleante (derrotado tras una vida de cautividad y abusos como atracción de feria) para que Juan Carlos de Borbón disparara sin dificultades contra él en aquel coto ruso adonde el rey ha ido a cazar osos porque en España está prohibido.
Así, casi sin mirar, se cargó, el campechano, a otros nueve osos (incluida una osa preñada) en Rumanía. En su día, lo invitaba Ceaucescu a perpetrar esos crímenes.
Así, casi sin mirar, ha debido, el furtivo, de cargarse en los Cárpatos a los lobos que aquí tanta gente de bien trata con enorme e ingrato esfuerzo de proteger de esos bajos instintos.
Así, casi si mirar, debió de matar, el falso arrepentido, al elefante de Botsuana, aquel al que despatarraron contra un árbol para hacerse ante él la foto de la ignominia. La foto que circuló por todas partes y que en su abdicación han sacado todas las televisiones: la misma, sin embargo, por la que la Junta Electoral madrileña censuró el vídeo de campaña de PACMA. Como si no supiéramos que, con el dinero de los españoles y el amasado gracias a sus opacos negocios y a sus amigos corruptos, Juan Carlos de Borbón ha dedicado gran parte de su mucho tiempo libre a disparar para matar.

Vean quiénes han sido sus amigos de cacerías, de animales y de las otras: Javier de la Rosa, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Mario Conde, Alberto Alcocer, Alberto Cortina… Más tarde, Díaz Ferrán, Jaume Matas, Arturo Fernández… Esos, entre otros de similar perfil, son sus cómplices. Y cientos de animales decapitados y colgados como trofeos en la pared, así como su colección de armas, son algunas de las pruebas de sus innumerables disparos. Están en ese pabellón de caza por cuya construcción pagó Patrimonio Nacional, hemos pagado todos, 3,4 millones de euros. Ese pabellón de caza que el Gobierno del PP dijo que construírselo al rey era una inversión “de interés general”.

Ya basta. Nadie nos preguntó si queríamos una Jefatura del Estado salpicada de sangre, de corrupción familiar y de destellos que van iluminando su turbia relación con la Transición o el intento de golpe del 23F, que solo representa a la injusticia intrínseca a esta monarquía parlamentaria, a los abusos que ponen en evidencia su obsolescencia como forma de gobierno. Con la abdicación de Juan Carlos de Borbón ha llegado el momento. La celebración de un referéndum sobre la pervivencia de la monarquía no es más que una cuestión de sensatez histórica y política.

No queremos un rey. No queremos la herencia de un hombre al que le gusta matar. No queremos un Estado que consienta ese atraso, que fomente la violencia de la caza y de la tauromaquia, perversa pasión que el ex rey ha transmitido a Elena, su hija mayor. Queremos avanzar hacia una sociedad más ética, en la que un hombre armado que persigue animales sea repudiado: cada disparo del rey ha sido un disparo a nuestra democracia real.

Tenemos derecho a decidir, a ser artífices y partícipes de un proceso constituyente. Somos ciudadanos, no vasallos ni presas a las que abatir. Bastante tenemos con aceptar que, en lo que respecta a sus víctimas animales, Juan Carlos de Borbón se vaya sin entregar las armas de ese pabellón y sin pedir perdón. Nos corresponde disolver su Casa.

RUTH TOLEDANO
Publicado en "El Diario" - 2/6/14