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>UN BLOG CON TUS ARTÍCULOS DE OPINIÓN, O LOS RECOPILADOS DE LA PRENSA NACIONAL, QUE NOS APORTAN SU GRANITO DE ARENA

domingo, 22 de diciembre de 2013

Gallardón y Rouco Varela -2-

El PSOE abandonó el marxismo al inicio de la Transición, pero el PP no ha sido capaz de dejar de gobernar bajo las directrices de la Iglesia católica. La reforma del aborto aprobada en el Consejo de Ministros este viernes es la mejor prueba de ello.

Yo he oído decir a miembros del Gobierno que era razonable la actual legislación del aborto, equiparable -incluso a la baja- a las leyes que hay en toda Europa. Yo he recopilado comentarios de miembros del Grupo Parlamentario Popular afirmando que esto era una cabezonería intolerable del ministro de Justicia, que se iba a frenar.

Yo he escuchado a diputados del Partido Popular comentándome que no había ninguna necesidad de abrir este debate, cuando con la actual ley el número de abortos había disminuido.

Pero el PP está en manos de Rouco Varela, que quería ganar su última batalla, y tenía a un "tonto útil" como Alberto Ruiz-Gallardón para darla. "Yo soy Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre.. ¡Prepárate a morir!". No sé, pero esta frase la tengo todo el día en la cabeza, desde que le escuché hacer demagogia en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. La diferencia es que Iñigo Montoya luchaba por una causa justa y Gallardón, en su venganza personal, se ha propuesto castigar a todas las mujeres de este país.

 Ha hecho la ley del aborto más restrictiva de Europa, la que quería la Iglesia, la que vuelve a tutelar a las mujeres en sus decisiones, la más retrógrada que se conoce. Y todo ello, bajo el amparo de la Jerarquía eclesiástica y la celebracion de los grupos más ultraconservadores que, al parecer, han sido los únicos consultados.

Gallardón miente en la interpretación de la doctrina del Constitucional, saca pecho porque no se penaliza a la mujer por abortar -ninguna mujer ha ido a la cárcel por ello en toda la democracia- y vende como un gran logro que las mujeres de 16 a 18 años no puedan abortar sin el permiso de sus progenitores como mantenía la anterior legislación, cuando suponen el 0,4% de los casos y, en su mayoría, por motivos que serían hasta muy duros relatar aquí.

Pero esto no es el cumplimiento de una promesa electoral del PP. Es un pacto con la Iglesia católica, que sigue dando las directrices a la derecha española.

No es cierto que sea para contentar a una parte de su electorado, no es verdad que hubiera una necesidad social para hacerlo y, lo que es peor, no va a cambiar nada. Las mujeres españolas seguirán abortando cuando ellas lo decidan. Eso sí, en peores condiciones, con riesgo para sus vidas en muchos casos y, las que tengan posibilidades económica, pasarán tranquilamente las fronteras europeas a otros países con una legislación razonable: "Yo a Londres, tú a Alemania". Movilidad exterior le llaman.

El "progre" de Gallardón ha cumplido su último servicio público. Se ha salido con la suya. "Yo soy Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre... ¡Prepárate a morir". Pero, aún a riesgo de volver a equivocarme, esta ley que atenta contra los derechos básicos de las mujeres no le va a salir gratis al Gobierno, ni al ministro de Justicia. Y marcará un punto de inflexión muy importante. Al tiempo.

MANUEL SANCHEZ - Periodista
Publicado en "El Diario" - 20/12/13

martes, 17 de diciembre de 2013

Blesa y Caja Madrid

Cinco datos que no hay que olvidar sobre el caso Blesa y Caja Madrid:
 
1. Caja Madrid no era una caja más. Fue la primera de las siete novias agrupadas en Bankia, una boda que terminó en funeral. De herencia nos dejó el mayor agujero de la historia financiera española: un pufo de 22.000 millones de euros que provocó el rescate y la intervención de la troika. No hay un solo español –no sólo los de las preferentes– que no sea afectado directo de esta quiebra. Todos los ciudadanos, nuestros hijos, nuestros nietos, pagarán durante años por lo que allí sucedió.
 
2. Miguel Blesa tampoco es un banquero más. Su primer contacto con el sector financiero fue en septiembre de 1996, cuando llegó al consejo de Caja Madrid. Sólo dos meses después, ya estaba preparado para presidir la tercera entidad financiera del país, un sillón que ocupó durante casi 13 años. ¿Su única cualidad conocida para el puesto? ¿La mejor línea de su currículum? Ser amigo íntimo y leal del presidente del Gobierno José María Aznar.
 
3. Los emails de Blesa desde su buzón corporativo de Caja Madrid no son unos correos más. Son las pruebas que permitieron al juez Elpidio José Silva enviar a la cárcel al banquero, con razón. En ellos queda claro que la quiebra de esa caja con tres siglos de historia no fue culpa de una azarosa casualidad, sino que tuvo mucho que ver con su desastrosa dirección. Miguel Blesa gestionaba este banco casi público como si fuese un chiringuito de su propiedad. Repartía favores, créditos y enchufes con absoluta arbitrariedad. Un día era su sobrina, otro era el exministro José Barrionuevo, el siguiente era el hermano de Pío García Escudero, o Esperanza Aguirre, o José María Aznar.
 
4. Las conversaciones de Blesa con sus cuates son el mejor ejemplo del capitalismo de amiguetes que ha hundido a este país. Los correos explican cómo funciona el poder de la España cañí y dejan en evidencia la hipocresía de esos "liberales" que critican las "mamandurrias", hablan de "meritocracia" y dan lecciones de moral a los demás, mientras exprimen los recursos públicos para su uso y disfrute personal. La derecha española queda retratada, pero la izquierda también: vendida a cambio de un plato de consejo y una tarjeta de crédito "black".
 
5. Lo ocurrido en Caja Madrid no fue sólo feo, negligente o inmoral; va mucho más allá. Las tarjetas de crédito "black a efectos fiscales" y los generosos sueldos con los que Blesa premiaba a los dóciles consejeros en la caja del PSOE, de IU o de CCOO apuntan a varios delitos económicos. Las gestiones de algunos políticos ante Blesa entran de lleno en el terreno del tráfico de influencias. Las preferentes de las que tanto se alegraba Blesa van a ser juzgadas como estafa. Los créditos a dedo podrían violar las normativas bancarias y las compras negligentes –o los créditos al consejero Díaz Ferrán– son serios indicios de delitos societarios de extrema gravedad.
 
Por mucho que lo diga la Audiencia Provincial de Madrid o el fiscal, estos correos no afectan a "la intimidad" de Miguel Blesa, sino que justifican más que de sobra la reapertura inminente de esta investigación judicial. Es urgente, por salud democrática; porque no hacerlo es dar por buena la injusticia, el abuso de poder y la impunidad.
 

IGNACIO ESCOLAR - Periodista y Director de eldiario.es
Publicado en "El Diario" - 16/12/13

lunes, 16 de diciembre de 2013

Visita a Barcelona

Hoy inserto este artículo de una periodista de las llamadas "del corazón", que por su sencillez y sin usar frases grandilocuentes refleja la realidad que vivimos en mi ciudad -Barcelona-, debido a ello, creo debe ser incluido en este blog de articulistas cuya visión aporta datos a tener en consideración.
 
"Cada año, con motivo del puente de la Constitución, viajo a algún lugar de España o del extranjero. El año pasado estuve en Extremadura, y éste aprovechando que los meteorólogos anunciaban buen tiempo piqué billete del AVE y me fui a Barcelona, una de las ciudades más bellas y acogedoras del mundo. Donde pese a lo que diga la propaganda puedes pasear, comer, cenar, comprar sin que nadie te dé patadas en el trasero y sin tener que utilizar otro idioma que el castellano. Lástima que los políticos, enzarzados en batallas imposibles, no se den cuenta del daño que estas luchas intestinas hacen a la ciudadanía, a los comerciantes, a las relaciones entre personas y Comunidades Autónomas.
 
Pasear por las Ramblas, por las callejuelas del barrio gótico donde todavía se conservan las tiendas de toda la vida donde igual puedes comprar unos cuchillos maravillosos que una brocha para el afeitado ultima generación o por el Paseo de Gracia o por el puerto deportivo, es un goce para el cuerpo y para la mente.
Por eso yo les diría a todos aquellos que asocian Madrid a Ana Botella o Barcelona a Artur Mas, que hagan el esfuerzo de separar el heno de la paja y valorar las muchas cosas buenas que tiene este país, tan diverso, tan rico en cultura y lenguas.

Por eso, para comprobar con mis propios ojos si las cosas que se publican o dicen son ciertas o producto de la propaganda, me fui a Barcelona. Doy fe que de igual manera que Madrid es la ciudad donde a nadie se le pregunta de donde viene ni a donde va, en Barcelona la gente está deseosa de dar a conocer su cultura, sus edificios más emblemáticos: La Sagrada Familia, El Liceo, Casa Fuster, donde además de cenar o tomarte una copa puedes escuchar un buen concierto de jazz, en un ambiente de lo más cosmopolita; o el nuevo Lio Ibiza, en el Teatro Principal, en el que la combinación de cena, cabaret y club, es explosiva. Con una oferta de música, baile y voces tan variada, que lo habitual es que el público -de todas las edades y condiciones económicas- se sume a la fiesta sin complejos y solo con unas ganas enormes de divertirse. Ya me gustaría que tuviéramos un Lio en Madrid.
 
Si ya Unamuno o Pío Baroja (no recuerdo quién de los dos) decía que los nacionalismos se curan viajando, es lo que necesitarían hacer los nacionalismos extremos, viajar más, conocer a gente de todos los colores, incluso a los que no piensan como ellos, hablar de sus problemas, de sus diferencias, ya que es la única manera de acercar posiciones. Es lo que hicieron Tarradellas, Pujol, Tierno Galván, Adolfo Suárez, Felipe González, Carrillo, Fraga, y tantos otros políticos como lucharon para que en España no se vuelvan a repetir las luchas intestinas entre hermanos. Un viaje a Barcelona reconforta, tranquiliza y, sobre todo, nos dice mucho del sentido común y el respeto que se respira en esa hermosa ciudad".
 
ROSA VILLACASTIN - Periodista de Sociedad
Publicado en "La Voz Libre" -13/12/13

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Putas, Gallardón, Adelson y Eurovegas

Nuestro afamado ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, nos está preparando un nuevo Código Penal que nos va a facilitar mucho lo de ir de putas. Para que luego diga el rojerío que sufrimos un Gobierno de meapilas bajo el azul católico de España. De aprobarse la nueva redacción del artículo 187 de este esforzado borrador jurídico, el proxenetismo será totalmente legal en España. Sólo será castigado con penas de dos a cuatro años de cárcel caso de que lo prostituido, varón o hembra, “se encuentre en una situación de dependencia personal y económica que no le deje otra alternativa, real o aceptable, que el ejercicio de la prostitución”, o que “se le impongan para su ejercicio condiciones gravosas, desproporcionadas o abusivas”.
 
El proxeneta se convierte así en un empresario más, expuesto a ser sancionado si sus trabajadores demuestran estar de una forma u otra esclavizados, pero puede regentar su burdel delante de la pasma como quien regenta una mercería si cumple ciertas normas. Como la de no dejar marcas en el rostro cuando pega a sus chicas o la de tener una pequeña red de sicarios que, en caso de denuncia, dé su merecido a la denunciante o a la familia de la denunciante, que habrá sido previamente vigilada. Es muy fácil conseguir la omertà del puto y de la puta, que no se chivará de su secuestro ni al juez ni a la pasma ni menos a un inspector de lo laboral. Así ha funcionado toda la vida la mafia de la prostitución, a la que ahora Gallardón otorga galones de legalidad y hasta honorabilidad.
 
La maniobra de nuestro Gobierno tiene una razón de ser, un objetivo docto, un alto designio. El siguiente paso será reducir el IVA en los prostíbulos. Cristóbal Montoro nos va a poner el IVA cultural mucho más alto que el IVA-puta. Al tiempo. Porque esta reforma del Código Penal se la está dictando a nuestro ministro Sheldon Adelson, ese señor bajito que ya nos mandó derogar la ley anti tabaco y que quiere poner en España el Eurovegas. Y Rajoy y sus mariachis arrodillan la rojigualda ante Adelson para que Eurovegas no se escape de España, que Eurovegas es el futuro, es la marca España, es la Pinta, La Niña y la Santamaría de la salida de la crisis, es más que la olimpiada, el Museo del Prado y la Virgen del Rocío. Eurovegas es como DisneyWorld, pero con tragaperras y con putas. Ya se ve a nuestro De Guindos sacando en el futuro premios de las tragaperras de Adelson para pagar a los pensionistas y a los jubilatas de Lehman Brothers.
 
A mí, como español, no me apetece ir de putas con Gallardón y con Adelson por Eurovegas, así que prefiero que el proxenetismo sea un negocio ilegal. O sea, que el Código Penal me valía como estaba, y se hubieran ahorrado el gasto. Tampoco creo que a nuestros ministros del Opus les apetezca irse de putas por Eurovegas con Adelson y Gallardón, aunque todavía no les he oído pronunciarse. Se conoce que la reforma les pilló rezando.
 
Además, como Victor Hugo, creo que la prostitución es una forma de esclavitud. Nadie quiere ser puto o puta. Ninguna niña, cuando se le pregunta qué quiere ser de mayor, te contesta que puta. Ningún padre o madre anhela que su hijo o hija opten por la húmeda licenciatura.
Lo de ser puta tiene una connotación mala por lo general, quiero decir, así que pienso que esta ley es un paso atrás para la dignidad y la libertad del hombre y de la mujer, un golpe bajo a la moral de los que la redactan y a mi ética, una invitación a los mercaderes a que vuelvan a adueñarse de los templos. Los mercaderes de la carne, en este caso. Los designios de los presidentes y ministros católicos son clamorosamente inescrutables.

¡Mira que mandarnos a los fieles a ir de putas!...
 
ANIBAL MALBAR
Publicado en "Público" - 11/12/2013

domingo, 8 de diciembre de 2013

Carta de Cacho a Rajoy

Estimado presidente:
 
sé muy bien que dirigirle esta carta abierta es una pretensión gratuita, tal vez incluso una osadía carente de sentido, entre otras cosas porque no parece que sea usted muy partidario de guiar su conducta por lo que dicen los medios. Le aclaro que Vozpópuli, a pesar de ser crítico con muchas de sus políticas, es un diario con vocación liberal que poco o nada tiene que ver con la plétora de medios que desde la izquierda le atizan a conciencia por razones ideológicas las más de las veces, aclaración que viene al caso porque nosotros no deseamos que usted se estrelle, no queremos que su Gobierno fracase, más bien lo contrario, entre otras cosas porque tememos que de esa circunstancia solo podrían derivarse males mayores para los españoles. En todo caso, y aunque usted no lea esta misiva, tengo la secreta esperanza de alguno de sus aides de chambre lo haga y que, en un rasgo de valor, le haga a usted una seña que le invite a leerla y a reflexionar un par de minutos.
 
Viene a cuento esta declaración de las últimas iniciativas legislativas emprendidas por su Gobierno y de las cuitas que, muy en privado y en forma casi de confesión espantada, formulaba esta semana un alto cargo de su partido. Relataba el hombre el espectáculo de esas sesiones parlamentarias tanto en el Congreso como en el Senado en las que los distintos grupos van desfilando por la tribuna para oponerse a las iniciativas del Ejecutivo, “y a menudo produce escalofríos ver el grado de rechazo, de violencia verbal contra el Partido Popular que aflora en casi todos los portavoces… Algo estamos haciendo mal, porque no es normal la animadversión, la oposición frontal, incluso el simple odio que destilan muchas de tales voces. Es algo que me preocupa mucho, porque eso ocurre también en la mayoría de los parlamentos autonómicos. Algo tendríamos que hacer al respecto”.   
 
De eso se trata. De saber por qué el PP se está convirtiendo en partido profundamente antipático, incluso odioso, para muchos españoles. Señor Rajoy: está usted demostrando una asombrosa capacidad para ofender y enfadar a casi todos los estamentos sociales, desde la derecha extrema a la extrema izquierda, pasando por el centro. Por tener, tiene cabreados incluso a los suyos, a montones de militantes, no digamos ya votantes, del PP. ¿Cómo lo consigue? Empieza a ser casi un misterio o tal vez un prodigio, porque cabrear a todo el mundo a la vez no es empeño fácil. Partía usted con la ventaja de haberse situado, seguramente sin proponérselo, en ese centro derecha templado donde dicen que se ganan las elecciones, fundamentalmente porque José María Aznar, su soberbio mentor, se había colocado motu proprio en la derecha más recalcitrante, lo cual le hacía a usted un favor impagable. Pues bien, usted se está encargando de destruir esa idea, parece usted empeñado en recordarnos la peor derecha de un país con muy malos recuerdos de malas derechas. ¿Qué está usted haciendo con España?, señor Rajoy.  
 
Actúa usted como aquellos tiranos acostumbrados a vivir escondidos tras las murallas de la fortaleza, mientras dejan a sus alcaides, sus ministros, el collar suelto para que allá y acullá le formen diarios incendios con iniciativas insensatas, declaraciones intempestivas, a veces ridículas, a menudo salidas de madre, desnortadas, ofensivas… Su ministro del Interior es en este capítulo un campeón. El lunes de esta semana supimos que Fernández Díaz optaba por dejar en sus puestos a los policías que ocupan las jefaturas de cuatro de las brigadas de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) que investiga los casos Gürtel y Bárcenas, después de haber amagado con su relevo a través de un concurso de “libre designación”, es decir, de designación a dedo. Don Jorge no se atreve, es un pusilánime, un meapilas quejumbroso, un conservador a ultranza, miembro de esa derecha religiosa para quien el mantenimiento del orden es un fin en sí mismo innegociable. Un tipo que no podría formar parte de ningún Gobierno de la derecha moderna en un país desarrollado.
 
Tipos como él le están haciendo a usted y a su partido mucho daño, porque le posicionan en el espectro de una derecha reaccionaria alejada del más leve conato de liberalidad.  Quienes, desde posiciones liberales, asumimos la idea del pacto social y aceptamos sacrificar una parte muy significativa de nuestra libertad en aras del procomún, convencidos de que de ese compromiso nace la ley que hace posible las libertades, no estamos dispuestos a que, Ley de Seguridad Ciudadana mediante, se nos sancione con 30.000 euros por insultar a un policía, ni que un segurata nos pueda detener en un centro comercial y pedirnos la documentación, ni que un municipal nos imponga 1.000 euros de multa por llevar un cigarrillo de hachís en el bolsillo. Y eso sí que no.
 
Gran parte de ese malestar ciudadano, de ese resquemor que aflora contra ustedes por las cuatro esquinas, tiene ver con muchas de sus políticas, casi todas alejadas de ese centro templado donde se generan los afectos. Está usted empeñado, por ejemplo, en evitar que la Infanta Cristina no solo sea juzgada, sino siquiera imputada, y para lograrlo, con todas las evidencias en contra, está usted forzando la ley de tal forma que causa rubor ajeno, y ha puesto usted a la Fiscalía y a la Agencia Tributaria a trabajar de consuno en ese objetivo, lo cual que la Justica, que ha quedado literalmente para el arrastre tras la llegada al ministerio del ramo de Alberto Ruiz-Gallardón, se arrastra hoy en España cual puta ultrajada a la puerta de un cuartel de reclutas.
 
Es sin duda la corrupción, y el tratamiento que a la corrupción está dando su Gobierno, el talón de Aquiles del PP y el suyo propio. Y es que, con ser importante la gestión de la economía, tal vez más importante aún era sanar la crisis de valores que trasluce la corrupción galopante que sufre España desde hace tiempo. Para eso estaba usted investido por una mayoría absoluta, en eso confiaban también millones de españoles, pero usted no ha hecho nada o muy poco, excepto declaración de buenas intenciones vacías de contenido, porque usted está cogido por los cataplines de un escándalo como el de su tesorero, y ahí está a la defensiva, de modo que en lugar de haber salido a cara descubierta a pedir perdón a los ciudadanos, usted se ha refugiado en la mentira, y es tan obvio que ni usted ni los suyos han dicho la verdad, es tan evidente, que la inmensa mayoría de la población ha asumido ya el caso como una tragedia más de las que tiene que soportar este infortunado país de golfos acostumbrados a vivir por encima de sus posibilidades. El esperpento llega a tal punto que su partido acaba de aprobar una Ley de Transparencia en el Parlamento al mismo tiempo que el juez Ruz trata de abrirse paso trabajosamente y sin su ayuda entre los manglares de un escándalo sin paliativos como el de Luis Bárcenas.
 
Y este comportamiento suyo envilece la política y cabrea a los ciudadanos, de modo que al final los españoles tienen dos alternativas: o volver la cara y mirar hacia otro lado y refugiarse en la melancolía (en el “Déjame, Arnesto, déjame que llore/los fieros males de mi patria,/ deja que su ruina y perdición lamente” del maestro Jovellanos), o apuntarles con el dedo y llamarles chorizos… De lo cual se infiere un malestar que todo lo contamina, una atmósfera irrespirable, un desasosiego general, una protesta sorda como los ecos lejanos de un mar embravecido, y eso se palpa en la calle y el Parlamento, y eso lo sufren sus propios diputados y senadores –y así lo manifiestan en privado-, que a veces sienten ese escalofrío cercano al miedo cuando asisten al desfile de oradores destilando rabia cercana al odio contra su Partido.
 
Tiene usted que salir de la madriguera y hacer política, señor Rajoy, política  a lo grande, ese tipo de política que conforta los espíritus, les aquieta y prepara para luchar por un futuro mejor. Está usted al frente del único partido de dimensión nacional que resta en España –a la espera de ver en qué queda la aventura de Rosa Díaz y de Albert Rivera- y eso le confiere un tipo de obligaciones inmateriales que podríamos enumerar como la necesidad de acercar, soldar, tender puentes; la obligación de unir a los españoles, rebajar tensiones, favorecer la convivencia y todo lo demás, en lugar de romper y separar. Cualquier cosa menos crispar, menos cabrear. Lo he dicho muchas veces, la derecha española está condenada a ser reformista o a no ser. Tiene usted un país espléndido en sus manos, un país de muy buena gente. A pesar de los sacrificios, a pesar de lo mal que lo están pasando tantos con tan poco, el país disfruta de una envidiable paz social, y las mareas, de cualquier color, que con frecuencia surcan las calles de Madrid en domingo son apenas el reflejo lógico de la dureza de la situación presente.
 
Señor Rajoy: póngase usted a la cabeza de la manifestación de la concordia. España se lo agradecerá.
 
JESUS CACHO - Periodista
Publicado en "Vox Populi" - 8/12/2013

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cuando la Mayoría Arrasa

El jueves se aprobó la LOMCE. Sólo votó a favor el PP, evidenciando su soledad en este asunto. La comunidad educativa en su conjunto, de manera inédita, así como una amplia mayoría social, le ha hecho saber al Gobierno que estaba en contra. Pero ha dado igual.
 
Con su aprobación este viernes por el Consejo de Ministros, el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana (LOPC) ya está lanzado. En apenas dos años, el Gobierno ha barrido derechos sociales y, tras afanarse este tiempo en incrementar la represión policial, ahora acomete un recorte directo de libertades fundamentales.
En el pack represivo se pretende, además, introducir una reforma del Código Penal y una ley de huelga que "regule" los servicios mínimos. Para todo ello se escuda en la mayoría parlamentaria que posee.
Frente a todo esto, es preciso recordar que la democracia representativa moderna se concibió, precisamente, para evitar este tipo de actuaciones.
 
Cuando en 1978 nos quisimos dotar de una Constitución, en lugar de apostar por un proceso colectivo que partiera desde abajo nos inclinamos por el Gran Legislador rousseauniano: un sabio –en nuestro caso, siete– que propusiera los términos de una nueva legislación a los miembros de la comunidad política.
El elitismo antidemocrático de esta opción no era nuevo, pero hoy lo estamos pagando. Los sabios reunidos en Filadelfia en 1787, o figuras como el abate Sieyès en el primer Comité constitucional francés, fueron también grandes legisladores, pero al menos lograron aquilatar mejor el edificio político que estaban construyendo.
Había que dividir el poder, empezando por el propio legislativo, con dos Cámaras –de representantes y Senado– que tuvieran distintas funciones, diferentes modos de elección, así como mecanismos para que una pudiera detener los excesos de la otra.
Al mismo tiempo, había que reforzar al Ejecutivo, introduciendo el veto presidencial, y debía garantizarse por todos los medios la independencia judicial. Clave resultaría el que ningún departamento dependiera de otros para financiarse. A todo ello se sumaría la estructura federal de un país amplio y numeroso, donde los Estados guardarían para sí importantes competencias políticas mientras los grupos de interés serían tantos que resultaría imposible que uno solo se hiciera con la mayoría.

El diseño político de la Constitución de 1978 está demostrando ser un desastre. Fijémonos así en esta preocupación clásica por las mayorías. En España, las autonomías han tratado de ayudar a dividir el poder, así como a aproximar el Gobierno a la población, pero la disciplina de partido o las imposiciones han primado sobre su independencia en los asuntos cruciales.
Del resto casi mejor ni hablar: tenemos una sola Cámara Legislativa con poder real, y en ella la mayoría parlamentaria no es más que la correa de transmisión de un Ejecutivo donde manda un presidente que, a la vez, es el jefe de un partido. Es decir, nuestro sistema bascula en torno a decisiones que se toman en oscuros gabinetes de Génova 13, sin luz ni taquígrafos; sin deliberación pública.
 
La ley en nuestro país –es ya evidente– no tiene como fin la libertad ciudadana, ni es obra de quienes deben obedecerla. Éstas, con razón, eran las grandes preocupaciones de Sieyès. Tampoco el sistema judicial goza de una autonomía capaz de frenar ataques a los derechos recogidos en la Constitución y otras declaraciones internacionales. Como es sabido, los miembros del Tribunal Constitucional, del Tribunal de Cuentas y del Consejo General del Poder Judicial dependen de la mayoría parlamentaria-ejecutiva. Si es que hasta el presidente levanta impunemente un teléfono cuando no le gusta un juez.
Es, por tanto, muy fácil que una mayoría parlamentaria arrase con los derechos de todos. Sin división de poderes y sin un control ciudadano más allá de las elecciones, asistimos a lo que más temían los clásicos de la representación: la legitimación paulatina de una nueva tiranía.
Respecto a la LOPC, parece que no había forma más tosca de entrar en el capítulo de libertades. En lugar de encargar de manera elitista su redacción inicial a un “sabio”, la tradición antiilustrada hispánica ya no se molesta siquiera en disimular su barbarie: un mando de los antidisturbios ha estado dirigiendo su redacción.
 
El plan ha sido claro: retirar del Código Penal diversas infracciones, que al pasar al ámbito administrativo de la LOPC se impondrán sin control judicial previo. A la vez se incrementa su número, y las que quedan en el Código Penal afrontan penas más duras. Las tasas para recurrir, claro, por las nubes.
 
Tras el correspondiente globo sonda –y a pesar del voluntarismo que, esta vez sí, ha puesto el grueso de la oposición parlamentaria de la mano de la opinión pública–, derechos básicos como los de reunión y manifestación seguirán restringiéndose. Se persigue el disenso político. Se crea un registro de desobedientes. Volvemos a Esquilache con el tema de las capuchas, y se cae en el ridículo con las ofensas a España. Se legisla contra la dignidad de aquellas personas más concienciadas de la sociedad civil, aquellas capaces de oponerse pacíficamente a una ley injusta, como en la paralización de los desahucios. Las multas en estos casos podrían ascender a 30.000 euros.
 
La desobediencia civil pacífica, puntal de la conquista de derechos desde la segunda mitad del siglo XX, sufre así un duro golpe. Se criminaliza la protesta ecologista con multas de hasta 600.000 euros.
El día que en Valencia mandaron a la policía cerrar una televisión pública, se sigue amenazando el uso de imágenes de actuaciones policiales con multas de 1.000 euros.
Diversos colectivos llevan años pidiendo reformas, pero en sentido inverso. La ley orgánica que se ocupa de regular los derechos de reunión y manifestación es de 1983, y su regusto franquista se observa al leer que reuniones de más de 20 personas deben comunicarse a la autoridad. Esto es lo que habría que reformar, y no las garantías que todavía teníamos para que una manifestación pacífica no comunicada se considerase legal. En DEMOCRACIA –sí, en mayúsculas– no se pide permiso para reunirte o protestar.
 
 
Por todo ello, este diseño político originado en 1978 no nos sirve. Una mayoría nos está arrasando. De manera arbitraria y despótica, tal y como temieron los burgueses que diseñaron la moderna representación política hace siglos. Lo paradójico de nuestro caso es que esta mayoría parlamentaria la manejan cuatro en un despacho apoyados, según las encuestas, por una minoría social.
Más allá de las formas institucionales, debemos analizar también la cultura política que mueve a los gobernantes. Por no salir de estos dos últimos días, fijémonos en las detenciones que el jueves publicitó la delegada del Gobierno en Madrid: se saltó la presunción de inocencia de 17 jóvenes estudiantes, antifascistas y feministas detenidos de madrugada en sus casas, como hace 40 años, mientras aireaba unos antecedentes “policiales” –no penales– que lo único que indicaban eran identificaciones previas. Y esa noche se cargó contra quienes protestaban pacíficamente contra esto, y fueron detenidas 11 personas más.
 
Ante la falta de frenos democráticos eficaces en el propio sistema, además de en las urnas, me temo que el asunto principal se decidirá en las calles. Saliendo por miles. Allí empezaremos a recuperar, a crear, las bases para una auténtica democracia política y económica. El primer paso, hoy como ayer, la desobediencia. El 14D tenemos cita en el Congreso.
 
VICTOR ALONSO ROCAFORT - Profesor de Teoría Política en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Colectivo Novecento.
Publicado en "El Diario" - 29/11/13